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 La Liga De Los Extraordinarios Caballeros Austen - Parte III

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ulmo
Usuario Premium


Fecha de inscripción : 02/06/2011

MensajeTema: La Liga De Los Extraordinarios Caballeros Austen - Parte III   10/7/2011, 8:28 am

Original de Mags
Traducido por Ulmo Very Happy



La Liga De Los Extraordinarios Caballeros Austen
Parte III


Los Caballeros de la Caza
En donde los Caballeros encuentran unas criaturas muy inesperadas



“Deben hacer algo, caballeros”, dijo Mr. Perry. “Todo el pueblo lo espera”. Bajó la voz. “Podrán ser sólo pollos ahora, pero hay temor de que la violencia se extienda a la gente. Hay luna llena esta noche; no duden en que ellos estarán merodeando”.

“Sí, gracias”, dijo Mr. Knightley. Mr. Perry, juzgando que era mejor dejar decidir la acción a los caballeros, los dejó.

“Vamos tras ellos”, dijo Sir John Middleton, acariciando su mejor escopeta. “Démosles una lección, Knightley”.

“Parece que no tenemos opción”, dijo Mr. Martin.

“No tomas parte en esto, Robert”, dijo Mr. Knightley.

Robert Martin se le quedó viendo fijamente. “Tal vez sólo sea un pequeño granjero, pero tengo tanto derecho a unirme a esta lucha como usted”.

Mr. Knightley lo consideró por un momento y entonces dijo: “Esta bien. Tal vez pueda mantener a Middleton preparado”.

Sir John le dio una palmada en la espalda, y le entregó una escopeta.

Charles Musgrove se acercó, blandiendo un arma sobre su cabeza. “¡Miren esto, caballeros! Una nueva y especial escopeta que acabo de recibir, desde Bath. La ordené a ese sujeto en Market Place, después de ver otra que él estaba enviando”. Se detuvo y miró alrededor. “¿Qué ha sucedido?”.

“¡Vamos tras ellos!”, exclamó Sir John. “¡Va ha haber pelea!”.

“¡Bien, por supuesto que sí!”, dijo Charles. “Hay que proteger a Miss Austen y todo eso”.

Mr. Knightley sonrió. “Mr. Charles Musgrove nos recuerda nuestro deber, caballeros, y la razón por la que estamos aquí. Mi suegro está suficientemente aterrado con las idea de los ladrones de pollos; imaginen lo que diría si supiese la verdad. Esta noche pelearemos, no por los pollos, ni siquiera por ancianos achacosos, sino por Miss Austen”.

“Miss Austen”, dijeron Robert Martin y Charles Musgrove.

“Miss Austen”, dijo Sir John Middleton, disparando su escopeta por la emoción. Esperaron mientras él se detenía a recargar.

“Probablemente, no es una buena idea desperdiciar munición de esa forma”, murmuró Robert, y Sir John asintió con entusiasmo.

“¿La cargó con las balas especiales?”, preguntó Mr. Knightley.

“Sí, por supuesto”, dijo Sir John.

“Entonces, creo que estamos listos para partir”, dijo Mr. Knightley, colocándose su arma sobre los hombros.

La luna llena colgaba del cielo cuando los caballeros partieron, iluminando el camino a través de los campos.

“¿Esperamos a que ellos salgan?”, susurró Charles.

“Me atrevo a decir que nos buscarán”, dijo Mr. Knightley.

“De hecho, hemos hecho eso”, dijo una voz detrás de ellos.

Los caballeros voltearon, con las escopetas listas. Ante ellos estaban cuatro atractivos jóvenes, todos sin camisa y bien formados. Los caballeros se les quedaron viendo, asombrados.

“Me atrevo a decir que no nos esperaban”, dijo el líder.

“No exactamente”, dijo Mr. Knightley.

“Esperaban criaturas peludas y sucias”, dijo el líder, alisando su cabello hacia atrás, con un movimiento casual. “No imaginaban encontrar competencia por la adoración de la fanáticas”.

“Le encuentro inmensurablemente presumido, señor”, dijo Robert.

“Tenemos razón para ello”.

Uno de los otros jóvenes empezó a lucir incómodo. “Um”, dijo, dando un manotazo a su líder.

“Ahora no”, dijo el líder en voz baja.

“No, en serio”, dijo el joven, retorciéndose un poco.

“Ahora no”, dijo el líder, apretando los dientes.

“¡Lo siento!”, gritó el joven. Corrió hacia los caballeros y ¡su cuerpo se llenó de pelos!

Las escopetas dispararon como una, y el hombre-lobo cayó en un montón.

“¡Lo asesinaron!”, gritó el líder.

“¿Creen que vinimos aquí a jugar?”, preguntó Mr. Knightley mientras los caballeros recargaban rápidamente sus armas.

“Creo que ellos vinieron aquí a jugar, Mr. Knightley”, dijo Robert Martin, introduciendo una bala en el cañón de su escopeta. “Tal vez debería arrojarles un palo para que lo busquen”.

“En realidad no somos como perros”, dijo el líder en tono defensivo.

“Si parece un perro y huele como un perro”, dijo Robert Martin, arrugando su nariz, mientras preparaba el arma, “no creo que sea una margarita”.

“¡No somos perros!”.

“Sólo te mantiene hablando hasta que tengan tiempo de recargar”, dijo uno de los jóvenes.

“¡Estás en lo correcto! ¡Aquí vamos, chicos!”, gritó el líder, y se lanzaron hacia los caballeros, cubriéndose de pelo mientras corrían.

Las cuatro escopetas dispararon, y los hombres-lobo cayeron. Dos permanecieron quietos, pero uno intentó ponerse en pie con dificultad.

“¿Usó la bala de plata?”, Robert Martin preguntó a Sir John.

Sir John sacó un pequeño saco. “¿No son estas de plata?

“Son de plomo pintadas de plata”, dijo Robert. “Mr. Knightley, tenga cuidado”.

Pero Mr. Knightley fue muy rápido para el hombre-lobo. Corrió hacia él y colocó su pie en el cuello del lobo. Gimoteó y dio zarpazos a su bota, pero él se mantuvo decidido.

“Se han buscado lo que no les ha perdido”, dijo. “Han entrado en las novelas de Miss Austen, y la Liga ha jurado defender su trabajo. ¿Me escucha? ¡Corre, perro callejero, corre de vuelta con los otros monstruos!”. Pateó al hombre-lobo, que gimoteó y se alejó arrastrándose. “¡Digales que la Liga se acerca!”, gritó Mr. Knightley. “¡Digales que la Liga se acerca y el infierno viene con nosotros! ¿Escuchó? ¡El infierno viene con nosotros!”.

El hombre-lobo corrió, gimoteando.

“¡Buena línea!”, dijo Robert Martin.

“Eso pensé”, dijo Mr. Knightley.


Con la participación de


Y las estrellas invitadas

* Ningún atractivo hombre-lobo descamisado fue lastimado durante la producción de este fanfic.

En el próximo episodio de la Liga de los Extraordinarios Caballeros Austen: Los Caballeros de Sotana.



El original está AQUÍ

Nota: Debo acotar que difiero en la definición de “atractivo” que posee Mags. Yo prefiero a mis caballeros británicos antes que a ese grupo de “cachorritos”.



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