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 La Liga De Los Extraordinarios Caballeros Austen - Parte IV

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ulmo
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Fecha de inscripción : 02/06/2011

MensajeTema: La Liga De Los Extraordinarios Caballeros Austen - Parte IV   17/7/2011, 8:06 am

Original de Mags
Traducido por Ulmo Very Happy


La Liga De Los Extraordinarios Caballeros Austen
Parte IV


Los Caballeros de Sotana
En donde Mr. Tilney tiene un secreto


Un caballero se detuvo en la iglesia, mirando a los lados con aire ansioso. Su atuendo era apagado; pantalones y abrigo negros, sobretodo gris, botas resistentes y un sombrero de ala ancha, inclinado hacia sus ojos. Su esposa le había dicho que lucía muy elegante, cuando la dejó al partir a su importante misión.

Escuchó pasos detrás él y volteó a ver quién se le unía, y supo que su vestuario, el cual le había parecido glorioso en su guardarropa, era meramente ordinario.

Un sobretodo muy largo, hecho de cuero negro, se arremolinó alrededor de brillantes botas altas, separando la parte delantera para revelar ajustados pantalones de piel de ante. Camisa y chaleco negros, un corbatín de muselina negra un poco suelto, y un sombrero negro de ala ancha completaban el conjunto. Tenía una ballesta amarrada debajo de su brazo. El primer caballero se consoló un poco con el hecho de que su sombrero no era muy diferente de el del caballero del sobretodo de cuero.

“Hola, Edward”, dijo el segundo caballero, en un tono amigable. “Siempre es bueno verle”. Y extendió su mano.

“Hola, Henry”, dijo Mr. Ferrars, dándole la mano. “Gran, er, bonito abrigo”.

“Sienta bien”, dijo él.

“Seguro que sí”.

Mr. Tilney tomó una botella de su bolsillo y se la entregó a Mr. Ferrars. “Agua bendita. ¿Tiene suficientes estacas?”.

Edward revisó sus bolsillos. “Sí, tengo una docena”.

“¿Cruz?”.

“Sí”. Levantó una cruz tallada en madera.

“Entonces está surtido”. La vista de Henry pasó a la puerta de la iglesia. “Bertram está retrasado. Típico”.

“Mi querido Henry, deseo que se esfuerce en arreglárselas con Mr. Bertram”, dijo Edward. “Pertenece a la Liga, y es un héroe tanto como cualquiera de nosotros”.

“Oh, lo sé, Ned. Pero él es tan… tan… tarado”.

“Esa no es una cosa agradable que decir sobre un compañero sacerdote”.

“Pero cierto. Debe admitir que es cierto”.

Mr. Ferrars guardó silencio, y Henry asintió sonriendo.

La puerta de la iglesia crujió al abrirse y un caballero, en traje y alzacuello negros entró. Miró a Henry y dijo: “¿Cuero, Tilney? Un poco exagerado, ¿no le parece?”.

“Bueno verle, como siempre, Bertram”, dijo Henry. “El cuero se lleva bien”.

“Oh, sin duda”, dijo Edmund, con una mueca desdeñosa.

“Y provee protección extra en contra de los dientes y uñas de los vampiros. Debería querer usarlo”.

Edward pareció alarmado, y frotó la manga de lana de su sobretodo.

Henry notó su movimiento y le sonrió. “La lana rústica es igual de buena, Ned, no tema”.

“Y también sabemos que conoce de telas”, dijo Edmund, aún desdeñoso.

“Ahora, caballeros”, dijo Edward, “tenemos una particular e importante misión que completar esta noche. Comprometámonos a poner de lado nuestras diferencias hasta entonces”.

“No tengo ninguna objeción”, dijo Henry.

“Ni yo”, dijo Edmund, luciendo rebelde.

Henry le ofreció una botella de agua bendita “¿Tiene una cruz?”.

“Me atrevo a decir que yo parezco tener una, más que usted”, dijo Edmund.

Edward suspiró, pero Henry ignoró la burla. “¿Estacas?”.

“Sí, creo tener dos o tres”.

“Debería tener por lo menos una docena”, dijo Henry. “Tome, tengo una reserva bajo el altar”. Sacó unas estacas y un bolso que Edmund podría llevar atravesado en el cuerpo para sostenerlas.

Edmund lucía molesto, pero tomó las estacas.

“Eso está mejor”, dijo Edward, aliviado.

“Ned me ha recordado de mi deber”, dijo Henry, “un deber que compartimos todos: proteger a Miss Jane Austen de las fuerzas que buscan destruir el mundo que ha creado. Caballeros, pongamos de lado nuestras diferencias para completar nuestra misión. Recuerden a Miss Austen.

“Miss Austen”, dijo Mr. Ferrars.

“Miss Austen”, dijo Mr. Bertram.

La puerta de la iglesia se abrió, y Henry y Edward voltearon, con las armas listas.

Entonces, otro caballero del clero entró. “Mis disculpas, caballeros”, dijo. “No quería llegar tarde, pero mi estimada protectora requería de mis servicios. Sin embargo, estoy aquí ahora, listo para ayudar, si sois tan amables de mostrarme cómo hacerlo. Me temo que mi entrenamiento no se ha ocupado de estas materias supernaturales. No son necesarias en Ronsings, pero Ronsings es un lugar tan superior”. Se detuvo, y daba la impresión de que era para tomar aliento más que porque había terminado.

Henry miró a Edward y susurró: “Creí que habíamos acordado no decir a Collins sobre esta operación”.

“Yo no le avisé”, dijo Edward.

Ambos voltearon hacia Edmund y lo miraron de manera reprobatoria.

“Mr. Collins es un sacerdote debidamente ordenado”, dijo Edmund, con la barbilla levantada. “Está preparado para realizar los ritos y ceremonias instituidos por la Iglesia de Inglaterra. No sería, ni apropiado ni correcto, dejarlo fuera de nuestra empresa”.

“Tenía que ser usted, Bertram”, dijo Henry. “Muy bien, entonces puede echarle un ojo. Si un vampiro le muerde mientras atiende a Collins, no se preocupe: le estacaré yo mismo”.

“No sé por qué nuestro líder le puso a cargo de esta misión”, dijo Edmund. “Su disposición no es seria, y ésta es una misión seria”.

“Nuestro líder sabe que tengo experiencia en esta clase de actividad”, dijo Henry.

“Sólo porque la autora de este fanfiction posee una tendencia mística y obstinada hacia usted”.

“Bueno, sólo porque usted no tiene fanáticas, Bertram…”

Edmund se sonrojó. “¡Yo sí tengo fanáticas!”.

“Aparte de su esposa”.

“¡Amo ausente!”

“¡Pluralista!”.

“Caballeros”, dijo Edward, levantando las manos. “Mr. Bertram, ¿por qué no se asegura de que Mr. Collins esté equipado apropiadamente?”.

Edmund se alejó, refunfuñando aun.

“Mis disculpas”, dijo Henry a Edward. “Él saca lo peor de mí”.

“No es necesario. Como dijo… tarado.

Una vez que Mr. Collins estuvo equipado con agua bendita, cruz y estacas, el sol se estaba ocultando y se prepararon para salir al cementerio.

Mr. Tilney encabezó la ruta, el sobretodo revoloteando alrededor de sus botas mientras caminaba. Los otros caballeros de sotana, lo seguían poco a poco (Mr. Collins muy cerca a Edmund). Henry se detuvo en el centro del cementerio, y los caballeros alistaron sus armas.

Una brisa repentina levantó un torbellino de hojas, y cuando esta cesó, un vampiro estaba detrás de Henry.

“Tú”, dijo el vampiro, con una profunda aversión.

“Yo”, dijo Henry, colocando un dedo en el gatillo de su ballesta.

“Sabes que tu lucha es inútil”, dijo el vampiro, sonriendo para mostrar sus colmillos. “El reciente entusiasmo por los vampiros no ha disminuido. Libros, películas, televisión, romance, misterio, procedimientos policíacos… estamos en todas partes. No podemos ser detenidos por héroes de las novelas de Jane Austen, por el amor a Nosferatu. Todos saben que los hombres en las novelas de Jane Austen son personajes sub-escritos. Andrew Davies lo dijo”.

“Películas”, dijo Henry. “Las películas no cuentan. La persona, sea caballero o vampiro, quien no encuentra placer en una buena novela, debe ser intolerablemente estúpida…”. Disparó una flecha con la ballesta, y el vampiro explotó en una nube de polvo. “… o vuelta polvo por completo”.

Mr. Collins aplaudió y gritó: “¡Hurra!”.

“¡Silencio!”, gritó Henry, levantando su mano. Entonces, los caballeros cayeron en la cuenta de que estaban rodeados por vampiros. Mr. Collins dio un alarido.

“No teman, caballeros”, dijo Henry. “Aún no he empleado nuestra arma secreta”.

“¿Arma secreta?”, preguntó Edward, quien sonó preocupado, aunque no exactamente asustado.

Henry llevó dos dedos a la boca y dio un agudo silbido. Una figura, toda de negro, cayó del cielo, aterrizando delante de ellos. Se movió como una imagen borrosa, agudos sonidos llenaron la noche mientras ésta se contorsionaba alrededor de ellos, arrojando delgadas estacas de madera con una fuerza mortal. Los vampiros aullaban y explotaban formando nubes de polvo alrededor suyo.

La negra figura volvió el rostro hacia ellos. Su faz estaba enmascarada.

“Caballeros”, dijo Henry, “¿Puedo presentarles al reverendo Charles Hayter? Bien hecho, Hayter. Podemos encargarnos ahora”.

La negra figura desapareció, tan de repente y silenciosa, como había llegado. Henry disparó su ballesta, recargó en un solo movimiento y disparó de nuevo, y otra vez, y otra vez. Los otros tres caballeros salieron de su asombro, vitorearon ese temprano éxito, y empezaron a trabajar con ánimo. Pronto, el escuadrón de vampiros fue completamente despachado; hasta Collins se desempeñó de forma respetable, y se comportó como si lo hubiese planeado y soportó toda la operación.

Henry lo observó con divertida tolerancia y dejó que parloteara sobre Lady Catherine y Rosings Park. Le dijo calladamente a Edward: “Voy de regreso al cuartel general para dar un reporte. ¿Me acompañaría? Creo que un informe desde su perspectiva sería de mucho valor para el liderazgo”.

“Me alaga”, dijo Edward. “Le acompañaré”.

Edmund, quien había esto ignorando a Collins mientras intentaba escuchar su conversación, dijo: “También iré, Tilney. No confío en que de un reporte imparcial”.

“Entonces, Mr. Bertram, debo protestar”, dijo Edward. “No hay ninguna razón para creer que Mr. Tilney no entregará un reporte completo; y espero que no esté impugnando mi honor, señor”.

“Nada de eso, Mr. Ferrars; pero aun así, insisto en acompañarlos”.

“No pueden dejarme aquí solo”, dijo Collins en un asustado chillido.

“Bueno, seremos un desfile apropiado”, dijo Henry. “Muy bien, caballeros: partimos de inmediato”.

“¿Podemos detenernos aunque sea por un bocadillo y sopa?”, preguntó Mr. Collins, patéticamente.

Henry no le contestó, sino que avanzó fuera del cementerio, con el sombrero tapando su ceño, los extremos de su sobretodo flotando tras él. Edward lo siguió.

Collins miró a Edmund, suplicante, pero Edmund dijo: “Debemos irnos, Mr. Collins”, y avanzó. Mr. Collins, dio un vistazo final al cementerio, y corrió tras él.


Con la participación de


Y las estrellas invitadas


*Porque, francamente, la única manera de hacer a Charles Hayter remotamente interesante era convertirlo en ninja. Además, toda historia es mejor con un ninja.

Sintonicen la semana entrante, el próximo episodio de La Liga de los Extraordinarios Caballeros Austen: El Caballero al Mando.



El origina está AQUÍ

NOTA: Imagino que Mags no añadió a Mr. Elton, porque con Mr. Collins había más que suficiente. De haber estado, sería algo como:

“Cazar vampiros es cazar vampiros. Pero cazar vampiros en compañía de caballeros tan finos…”

¿Se lo figuran?

Otra cosa: el sobrenombre que da Mags a Mr. Bertram es, en inglés, wanker. Si buscan la traducción de la palabra, verán que lo suavicé un poco, para mantener el tono que se desea en el foro. Pero les apuesto a que si leyeron o vieron alguna adaptación de Mansfield Park, estarán de acuerdo con ella.

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