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 North and South: Un Golpe (o Dos) y Sus (Terribles) Consecuencias

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AutorMensaje
ulmo
Usuario Premium


Fecha de inscripción : 02/06/2011

MensajeTema: North and South: Un Golpe (o Dos) y Sus (Terribles) Consecuencias   3/9/2011, 1:54 pm

Hola a todos Very Happy
Disculpen la tardanza Embarassed

Esta es una versión un "poco" alterada de la escena del motín en la fábrica. Espero la disfruten alien

Original de ChocolateIsMyDrug
Traducción de Ulmo


Un Golpe (o Dos) y Sus (Terribles) Consecuencias



“Miss Hale, siento que nos visite en este desafortunado momento”. Mr. Thornton no pudo evitar sentirse preocupado mientras observaba a la multitud entrar al patio, habiendo abierto las puertas. Entonces se quedó sin aliento. “¡Oh, Dios mío, van hacia la puerta de la planta!”

Margaret lo miró indignada. “¡Mr. Thornton, Baje ahora y enfréntese a ellos como un hombre! ¡Hable con ellos como si fueran seres humanos! Han enloquecido por…” Ella miró a la multitud, que parecía estar compuesta completamente por mujeres de todas las edades, vestidas de forma extraña, golpeando la puerta de la planta con una ferocidad que los huelguistas jamás habían mostrado. “Bueno, no estoy segura. ¡Pero es claro que no están en sus cabales! ¡Vaya y salve a esos inocentes irlandeses!”

Sin replica, Mr. Thornton avanzó hacia la puerta principal y la abrió. Inmediatamente, la multitud dejó la puerta de la planta y se dirigió hacia él. Lo extraño era que no parecían que quisieran asesinarlo. De hecho, algo en sus gritos de “¡Dios mío, es RA… quiero decir, JT… quiero decir, OOOHHH!” y sus inexpresivos ojos lo incomodaron profundamente.

Determinado a no dejar que su aprehensión se manifestara, mantuvo su semblante rígido y se mantuvo alto e imponente, con los brazos cruzados.

‘¡Es El Ardiente! ¡Está Ardiendo!’

Mr. Thornton podría jurar que vio a una de las mujeres desmayarse. Tal vez fuera la humedad.

Mientras tanto, Margaret que estaba observando los acontecimientos desde la ventana, no pudo contenerse. Se precipitó a salir, no porque hubiese visto a un manifestante recoger una piedra para arrojarla a Mr. Thornton, sino porque no le gustaba para nada la manera en que la multitud lo estaba viendo, como si fuese un pedazo de carne.

Se paró torpemente junto a Mr. Thornton en la entrada, sin seguridad sobre qué hacer; una multitud de más de doscientas mujeres empuñando dagas en tu contra tendrían el mismo efecto. Una de las mujeres se quitó un zapato de tacón y empezó a apuntar.

Que sucedió exactamente después, nadie sabría decir, pero al siguiente segundo Mr. Thornton se estaba agarraba la nariz y fruncía el ceño mientras un zapato de tacón yacía en los escalones cerca de él.

La mujer que había arrojado el zapato se paralizó, luciendo petrificada. “Oops”. Se desmayó de inmediato, lo cual era probablemente lo mejor pues no se sabía lo que el resto de la multitud podría haberle hecho ante la posibilidad de arruinar la aguileña y adorable nariz de su adorado JT.

Margaret no tenía forma de saber (aunque probablemente debería haberlo sospechado a estas alturas) que el intento de la mujer había sido simplemente terrible… lo único que vio fue que estas extrañas mujeres manifestantes habían intentado herir a Mr. Thornton y no dudarían en intentarlo de nuevo. Sin pensar en las consecuencias, hizo lo único que podría haber hecho, se colocó frente a él, usando su cuerpo como un escudo.

Desafortunadamente, esta maniobra suya solo ayudó al propósito de la multitud, pues ahora tenían un buen blanco en ella, sin riesgo de que Mr. Thornton se interpusiera. La pobre Margaret fue rápidamente enterrada bajo una montaña de zapatos, uno de los cuales la golpeó con fuerza en la frente. Su último pensamiento antes de caer en la inconsiencia fue: “Dios, Mrs. T. no estaba bromeando cuando dijo que todas las jóvenes de Milton estaban tras él…”

El colapso de Margaret, contrario a llenar de horror y culpa a la multitud, haciéndolos retroceder, simplemente continuaron contemplando a Thornton como antes, mientras estaba en lo alto de las escaleras, ahora sin una Margaret (“Estúpida Margaret”, podría haber jurado que escuchó en un susurro) que bloqueara su vista de su Real Thorntonsidad.

Asimilando aún el ataque al – ahora reconocido – amor de su vida, él caminó hacia la multitud. “¿Están satisfechos? ¡Habéis venido por mí, entonces agarrenme!”. Fue posiblemente lo peor que el pobre hombre pudo haber dicho.

En un instante, la multitud estaba sobre él, todas y cada uno de ellas pellizcando, rasguñando y empujando a quien se interpusieran en su camino mientras se dirigían hacia él. Sus ojos se abrieron por el terror a sus salvajes gritos de ‘Mírame – ¡No, a mí! – Me gustaría que hicieras de amo dominante – Puedes poseerme cada vez que quieras – ¡¡Quítenle la corbata!!’

* * * * *

Cuando Mr. Thornton entró tambaleándose al salón, su madre casi no lo pudo reconocer. Lucía absolutamente exhausto, muchos ítems de su vestuario estaban perdidos, y lo que quedaba de ellos colgaba en harapos. Mrs. Thornton se puso de pie inmediatamente. “Dios mío, John ¿te hicieron eso los alborotadores?”

Entonces, se dio cuenta de un detalle que no había registrado al verlo al principio. Su rostro, cuello y lo que pudo ver de su expuesto pecho a través de los retazos de su camisa, estaban cubiertos de marcas rojas las cuales, que de forma muy bizarra, tenían la forma de labios de mujer.

El pobre Mr. Thornton estaba intentando recuperar el aliento y declinó replicar a su madre. “Margaret… escaleras… inconsciente… las manifestantes la podrían agarrar…” fue todo lo que pudo balbucear antes de colapsar en la silla más cercana antes de que sus rodillas lo abandonaran.

Rápida en comprender, su madre se apresuró en buscar y rescatar a la joven mujer. A través de la puerta abierta flotaron las voces de la multitud, aumentando en excitación al principio pero decayendo cuando notaron que no era su Moreno Alto y Atractivo Dueño de Algodonera (o MAADA para acortar). “¿Dónde está JT? ¡Queremos a JT! O, si no podemos tener a JT, al menos envía a Higgins, preferiblemente con esa llamativa camisa que revela el pelo del pecho!”

Mrs. Thornton no tenía idea de en donde estaban “Jay Tee” o Higgins, y tampoco le importaba. Estaba muy ocupada con la tarea de medio alzar - medio arrastrar a Miss Hale hacia la casa y a un sofá (y si en su apuro, la cabeza de Miss Hale rebotó más de una vez en el marco de la puerta o en la pata de la mesa, Mrs. Thornton no podría ser culpada). Entonces dejó la habitación para ver cómo le estaba yendo a Fanny, dejando solos convenientemente a Margaret y a Mr. Thornton.

Para entonces, Mr. Thornton se había recuperado de su encuentro con las manifestantes (a quienes no volvió a ver jamás, excepto en una serie de pesadillas recurrentes en los años siguientes… sin embargo, Higgins tuvo un muy desagradable encuentro con algunas de ellas, pero eso es otra historia) y estaba ahora observando con adoración a Margaret, la mujer que había arriesgado su propia vida para salvar la de él (considerando las circunstancias, Mr. Thornton no sentía que esto fuese para nada una exageración).

Se sentó cerca de ella, esperando a que recuperara la conciencia, lo que ella hizo en los minutos siguientes. Ella lo miró, tratando con urgencia expresar sus temores, a pesar del pulsante dolor en su frente. “Mr. Thornton”, comenzó pesadamente, “¿ya se fueron?”

Mr. Thornton tomo su mano de forma tranquilizadora. “Sí, mi amada y valiente Miss Hale. No temáis, no volveremos a verlas jamás”.

Solo entonces, Margaret notó que el abrigo y el chaleco de Mr. Thornton parecía haber desaparecido completamente, y que no quedaba mucho de su camisa a excepción del cuello y la corbata. De repente, su corsé parecía tres tallas muy pequeño y la habitación empezaba a estar muy cálida, especialmente en el punto de contacto entre sus manos.

Débilmente, intentó liberar su mano, pero el agarre de Mr. Thornton se apretó. “Miss Hale, no puedo permanecer en silencio por más tiempo”.

Mientras Mr. Thornton, de forma muy atractiva, intentaba disminuir su camino hacia una propuesta, Margaret apenas lo escuchaba. Aunque el presente atavío de Mr. Thornton dejaba muy poco a la imaginación, ella no pudo evitar imaginar cómo podría lucir si se le dispensaba también de la corbata.

“¿Miss Hale?”

“¿Hmm?”
De repente, salió de su trance, notando que él aun esperaba ansiosamwente por su respuesta. Observó – oh, está bien, miró fijamente – su pecho una vez más. No sería capaz de descansar sin conocer la respuesta a la pregunta de la corbata, así que sólo le quedaba una opción…

“Sí, Mr. Thornton”, dijo ella, y tuvo que contener su mano para no agarrar su corbata. “Me casaré con usted”.



El original está AQUÍ


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