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 "Mr. Darcy's diary" traducido

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Maryll100
Novato
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Fecha de inscripción : 23/09/2011

MensajeTema: "Mr. Darcy's diary" traducido    26/9/2011, 12:45 pm

Hola a tod@s!! Este es mi pequeño aporte al mundo Austen. Es del libro "Mr. Darcy's diary" de Amanda Grange, el cual sólo encontré en inglés y me puse a traducirlo.
Cuando lo complete, subo el archivo entero, pero mientras tanto lo comparto en partes. Se agradecen comentarios u observaciones!! por ejemplo, no traduje ningún nombre ni los Mr, Mrs, Miss, pero sí Hertfordshire como condado de Hertford. Si les parece que cambie algo, bienvenido es!!
En mi opinión es una buena secuela, con algunas cositas distintas al libro de Austen, y recomiendo que no lo lean "como un diario" porque en ese aspecto no creo que nadie recuerde tantos detalles para escribirlos en un diario Rolling Eyes

Va la primera parte:

Orgullo y Prejuicio:
Es el turno de Darcy para contar su versión de la historia...



JULIO

Lunes 1ro de julio
He hecho lo correcto al establecer a Georgiana en Londres, verdad? El verano va a ser muy caluroso, y cuando la visité esta mañana, la encontré sin su energía habitual. Creo que la enviaré a la costa en estas vacaciones.

Martes 2 de julio
Le he dado instrucciones a Hargreaves de que busque una casa disponible en Margate, o tal vez Ramsgate, para Georgiana. Me gustaría ir con ella, pero me es difícil encontrar un nuevo administrador para reemplazar a Wickham y no puedo perder el tiempo.
Wickham! Es extraño que un sólo nombre pueda generar sentimientos tan contradictorios. El administrador de mi padre fue un hombre que admiré y respeté, pero su hijo es un hombre que no puedo soportar. Me cuesta creer que George y yo fuimos amigos de niños, pero George era diferente entonces.
A veces me pregunto cómo un muchacho que tuvo tantas ventajas, quien fue bendecido con una buena apariencia, maneras y educación, y que fue el hijo de un hombre tan respetable, se haya vuelto tan malo. Cuando pienso en la disipación que se ha permitido desde la muerte de su padre...
Me alegro de no haber oído de él recientemente. Nuestro trato el último año no fue placentero. Cuando me preguntó por el beneficio que mi padre en vida quiso para él, se resintió por mi negativa a dárselo, aunque él sabía muy bien que había perdido todo derecho a reclamarlo, y que su carácter era totalmente inapropiado para la iglesia.
Afortunadamente, una suma de dinero selló el asunto. Temí que se acercara de nuevo cuando se le terminara, pero finalmente le convencí de que no recibiría más ayuda de mi parte. Por causa de la amistad que una vez tuvimos le dí mucho, pero no le ayudaré más. La única persona que puede ayudar a George Wickham ahora es él mismo.

Sábado 6 de julio
Hargreaves ha encontrado una casa para Georgiana en Ramsgate, y su dama de compañía, Mrs Younge, la ha inspeccionado. Ella la encuentra apropiada, por lo que la alquilaré. Ramsgate no está muy lejos, y podré reunirme con Georgiana siempre que los negocios me lo permitan. Estoy seguro de que el aire del mar la revivirá y estará de buen humor otra vez.

Martes 10 de julio
No me había dado cuenta de cuánto extrañaría a mi hermana. Me he acostumbrado a hablar con ella todos los días. Pero ella está en buenas manos, y yo estoy persuadido de que lo disfrutará mucho. Cené con Bingley esta tarde. Él aún está en la cuidad, pero viajará al norte a ver a su familia la próxima semana.
“Creo que sabes, Darcy, que alquilaré una casa para el invierno”, dijo después de la cena.
“En la cuidad?”
“No. En el campo. Tengo en mente comprar una estancia. Caroline siempre me dice que debería tener una, y estoy de acuerdo. Voy a alquilar una propiedad primero, y si me gusta, la compraré.”
“Creo que es una excelente idea. Dejarás de deambular por todo el país”, le dije.
“Exacto lo que pienso. Si tengo una casa la mitad de fina que Pemberley, no siempre iría de un lugar a otro. Podría invitar compañía para quedarse conmigo, en lugar de viajar a lo largo y ancho del país para encontrarla”, respondió.
“Dónde piensas buscar?”, le pregunté, cuando terminé mi bebida.
“En el algún lugar en el medio del país. No muy al norte, y no muy al sur. Caroline me recomendó el condado de Derby, pero por qué debería vivir en Derby? Si quiero visitar esa parte del país me puedo quedar en Pemberley contigo. Le dije a mi agente que busque algo en el condado de Hertford, o en los alrededores. Confío en que lo inspecciones conmigo cuando encuentre algo.”
“Si sigues adelante con esto, entonces estaré encantado de hacerlo.”
“No crees que lo haré?”
“Creo que cambiarás de opinión tan pronto veas una cara bonita, después de lo cual decidirás quedarte en Londres”, dije con una sonrisa.
“Me crees muy débil”, dijo riendo. “Pensé que eras mi amigo!”
“Y lo soy.”
“Y aún así me crees capaz de abandonar mi plan? Por mi honor, no me disuadirán tan fácilmente, y nada me detendrá hasta alquilar una casa en el campo. Vendrás a visitarme?”
“Por supuesto.”
“Y debes llevar a Georgiana. Cómo está ella? No la he visto en meses. Debo llevar a Caroline y visitarla.”
“Ella no está en Londres en este momento. La he enviado a Ramsgate por el verano.”
“Muy sabio. Yo mismo no puedo esperar para irme de la cuidad.”
Partimos después de la cena. Si fuera aún la temporada, no tendría muchas esperanzas de que él encontrara un lugar, por mucho que proteste. Pero como Londres esta vacío de compañía femenina, entonces pienso que puede mantenerse en su propósito – aunque alguna joven en el norte podría aparecer para captar su atención, tras lo cual él se quedará en casa hasta Navidad!

Viernes 12 de julio
Recibí una carta de Georgiana esta mañana. Es alegre y afectuosa, y estoy conforme con haberla enviado a la playa. Ha llegado segura a Ramsgate y escribe sobre su placer en la casa:

Es pequeño comparado con mi lugar en Londres, pero es muy confortable y tiene una hermosa vista del mar. Mrs Younge y yo hemos ido a la playa esta mañana, ya que estoy ansiosa por hacer un dibujo de la costa. Te lo enviaré cuando lo termine.
Tu afectuosa hermana, Georgiana


Doblé la carta e iba a guardarla en mi escritorio con las otras cuando noté la escritura de una de sus cartas anteriores. La tomé así pude comparar las dos. Ella ha hecho un gran progreso, tanto en su escritura como en el estilo de sus cartas, en los últimos años. Sin embargo, confieso que encuentro sus cartas anteriores encantadoras, aunque su escritura sea pobre y la ortografía espantosa.
Cuando releí sus cartas, recordé cuán preocupado estuve de que ella no fuera feliz en el colegio, pero no tenía que preocuparme. Le gustaban sus maestros, e hizo un buen número de amigas allí. Tendré que sugerirle que invite a alguna de ellas a quedarse con ella en Londres durante el otoño. Si voy a ayudar a Bingley a encontrar su estancia, una amiga le será de alguna compañía a Georgiana mientras yo esté lejos.

Martes 16 de julio
Cabalgué con el coronel Fitzwilliam esta mañana. Me dijo que ha estado en Rosings y que vio a Lady Catherine, y que ha designado a un nuevo párroco. Por un momento temí que fuera Wickham, sabiendo que si había oído hablar de la riqueza de Rosings, podría haber intentado congraciarse con mi tía.
“Cuál es el nombre del párroco?”, pregunté.
“Collins.”
Respiré de nuevo.
“Un joven pesado de la manera más extraordinaria”, continuó el coronel Fitzwilliam. “Una mezcla de servilismo y vanidad. Adula todo y cualquier cosa. Habla sin cesar pero no dice nada. No tiene opiniones propias, excepto su idea de su propia importancia, la cual es tan absurda como inquebrantable. Sin embargo a mi tía le agrada bastante. El cumple bien sus tareas y es útil para una mesa de cartas.
“Está casado?”
“No creo que tarde mucho en tomar esposa.”
“Está prometido, entonces?”
“No, pero mi tía encuentra tedioso a Rosings con poca gente para entretenerla, y creo que pronto le dirá que debe casarse. Una nueva novia será una diversión para ella, y tendrá a alguien para... ayudar”, dijo con una gran sonrisa.
“A ella le gusta ser servicial”, remarqué, devolviéndole la mirada.
“Y ella está en tan buena posición que otra gente tiene pocas posibilidades pero agradecen su consejo”, agregó.
Ambos hemos recibido una gran cantidad de consejos de Lady Catherine. La mayoría han sido buenos, pero igualmente muchas veces he sentido alivio de que Rosings no esté en el condado de Derby, sino en el lejano Kent.
“Cómo está Georgiana?”, preguntó cuando dejamos el parque y comenzamos a regresar a mi casa.
“Muy bien. La he enviado a Ramsgate por el verano.”
“Bien. Hace mucho calor en la cuidad para ella. Mucho calor para cualquiera”, dijo. “Voy a ir a Bringhton la próxima semana. Es una lástima que no vaya a verla, pero la próxima vez que esté en la cuidad voy a asegurarme de hacerle una visita. Tu te reunirás con ella en Ramsgate?”
“No aún. Tengo mucho que hacer.”
“Pero irás a Pemberley?”
“Mas adelante este año, sí.”
“Te envidio Pemberley.”
“Entonces deberías casarte. Eso te permitiría comprar un lugar propio.”
“Si encuentro una heredera adecuada, lo consideraría, pero por el momento estoy disfrutando la vida de soltero.”
Con esto partimos, él fue a sus barracas y yo regresé a la casa.

Domingo 28 de julio
Finalmente mis negocios en la cuidad se terminaron, y estoy libre para visitar a Georgiana. Pienso ir temprano mañana y sorprenderla.

Lunes 29 de julio
No tenía idea, cuando salí para Ramsgate esta mañana, de lo que me esperaba. El tiempo estaba óptimo y todo prometía un día para disfrutar. Llegué a la casa de Georgiana y me alegré de encontrarla ordenada y bien cuidada. Fuí anunciado por la doncella, y siendo el establecimiento demasiado chico para permitir todo el personal, me encontré a Mrs Younge en el salón. Sorprendida por mi llegada, me miró con consternación.
“Mr Darcy. No lo esperábamos hoy.”
“Pensé que sorprendería a mi hermana. Dónde está?”
“Ella está... afuera... dibujando.”
“Sola?”, pregunté.
“Oh, no, por supuesto que no, con su doncella.”
“No la contraté a usted para que se quede en casa mientras mi hermana va afuera con una doncella”, dije, disgustado.
“De ordinario la he acompañado, por supuesto, pero estuve forzada a quedarme adentro esta mañana. Yo estuve... indispuesta. Comí algún pescado en mal estado... no me sentía bien. Miss Darcy estaba ansiosa por continuar su dibujo, y como el clima estaba bueno no quise arruinarle a su hermana la diversión. Su doncella no es una joven niña, sino una mujer sensible que no la perjudicará.
Me había tranquilizado. Mrs Younge en verdad se veía mal, aunque en ese momento yo desconocía la verdadera causa de su palidez.
“Por dónde se fueron?”, pregunté. “Me uniré a ellas. Puedo quedarme con ella mientras dibuja, y podemos regresar juntos.”
Ella dudó un momento antes de decir: “Ellas tenían la intención de ir por el margen derecho de la costa, así Miss Darcy podría finalizar un dibujo que ya había comenzado.”
“Muy bien, las seguiré y la sorprenderé.”
Fuí hacia el hall, pero en ese mismo momento ví a Georgiana bajando las escaleras. Me sobresalté. Estaba vestida con ropa de entrecasa y no mostraba indicios de haber estado dibujando. Le iba a preguntar a Mrs Younge qué quiso decir con su invento, cuando ella misma habló.
“Miss Darcy, pensé que ya había salido”, dijo. “Aquí su hermano ha venido a verla”. Luego agregó: “Recuerde, una pequeña resolución es todo lo que necesita, y usted tendrá todo lo que su corazón desea”.
Yo pensé en que su lenguaje había sido extraño, pero lo tomé como que si Georgiana se aplicaba sería capaz de terminar su dibujo para su satisfacción. Qué equivocado estaba!
“Fitzwilliam”, dijo Georgiana poniéndose pálida.
Ella se frenó en las escaleras y no bajó. De pronto me pareció verla muy joven y desconcertada. Me alarmé, y pensé que no se encontraba bien.
“Qué sucede? Estás enferma?”, pregunté. “El pescado – tu también comiste?”
“Pescado?”, preguntó, perpleja.
“El pescado en mal estado que comió Mrs Younge. Tú también comiste uno?”
“Oh, no”, dijo, retorciéndose las manos.
“No estás bien, sin embargo”, dije, notando un brillo de sudor en su frente y viendo cuán blanca se había puesto.
Tomé su mano y la llevé hacia el salón. Mrs Younge iba a seguirnos cuando le dije: “Busque al doctor”.
“No creo –” comenzó a decir, pero la detuve.
“Mi hermana no está bien. Envíe por el doctor”.
Mi tono no le dejó opción y se fue. Cerré la puerta.
Georgiana había caminado hasta la ventana, y estaba más pálida por momentos.
“Aquí”, le dije, tomando una silla y ayudándola a sentarse.
Pero ella inmediatamente se levantó de nuevo.
“No, no puedo”, dijo tristemente. “No puedo decepcionarte, no importa lo que él diga”.
Yo estaba espantado. “No importa lo que él diga?” repetí, al final.
Ella asintió seriamente. “Él dijo que si tú sabías de esto nos detendrías”, continuó miserablemente.
“Quién, Georgiana?”
“George”, dijo, inclinando la cabeza.
“George?”
“Sí, George Wickham. Mrs Younge y yo lo encontramos por casualidad en la orilla del mar. Está de vacaciones aquí. Nosotros conversamos, y él me dijo cuánto le dolió que haya habido alguna frialdad entre ustedes últimamente. Yo, también, lo he lamentado. Me gustaba mucho más cuando ustedes eran amigos. No estaba bien que existiera algo sin concluir entre ustedes. Me sentí aliviada cuando me dijo que sólo había habido un tonto malentendido, y que todo había sido aclarado, por lo que no había motivos para no estar juntos confortablemente. Él me recordó el tiempo en que montaba en mi pony y me hacía cabalgar por el jardín, y de cuando me regaló una bolsa llena de bellotas”, dijo ella sonriendo. “Dijo que se sentía afortunado de que nos hayamos encontrado, así podríamos renovar nuestra amistad. Le dije que ya no me gustaban las bellotas, y él se rió y dijo que entonces me regalaría diamantes en su lugar”.
“De veras?” pregunté. “Y Mrs Younge que dijo de eso?”
“Ella dijo que era perfectamente apropiado que entretuviera a un amigo de la familia. No lo habría hecho de otra manera”, dijo mi hermana.
“Entretenerlo?”, pregunté, sintiéndome más y más alarmado.
“Sí. Él cenó aquí en una ocasión, y se unió a nosotras durante el día si el tiempo estaba lluvioso. Juega ajedrez tan bien como siempre, pero yo estoy mejorando y le he ganado dos veces”.
Hubo algo de viveza en su cara al decir ésto, pero vaciló de nuevo al ver mi expresión.
“Te he decepcionado”.
“Para nada”, dije, recobrando mi compostura. “No hiciste nada malo”.
“No pensaba enamorarme de él, realmente no”, dijo suplicante. “Sé que soy muy joven, pero él me dijo tantas cosas placenteras sobre el futuro que creo ver nuestro casamiento como un hecho”.
“Casamiento?”, exclamé con horror.
“ Él... ha dicho que me ama, y me ha recordado que yo le dije que lo amaba”.
“Cuándo le dijiste eso?” demandé.
“Cuando caí de la verja del patio y él me levantó”.
“Pero tenías siete años!”
“Por supuesto, fue sólo una cosa de chicos en ese momento, pero cuanto más lo vi aquí, más me he convencido de que estuve enamorada de él antes. Sólo no me gusta la idea de decepcionarte. Yo quise que todo fuera abierto. Le dije que él debería pedirte mi mano de la manera tradicional, pero él dijo que tú nos dejarías que nos casáramos hasta que yo tuviera dieciocho, y que perderíamos tres preciosos años de nuestra vida juntos. Él dijo que deberíamos fugarnos, y enviarte una carta desde los Lagos después”
“Y tú estuviste de acuerdo?” pregunté consternado.
Ella bajó la voz.
“Pensé que sonaba como una aventura. Pero ahora que te veo, y sé lo mucho que te aflige, no me parece para nada una aventura”.
“No lo es. Es un engaño del la forma más vil. El te ha hablado de amor para ganar tu fortuna, y para herirme! Persuadirte de que te olvides de tus amigos y familia y escapes con él hacia tu propia ruina es monstruoso!”
“No!” exclamó. “No es así. Él me ama”.
Ví el miedo en sus ojos y no quise continuar. Para ella, entender que el sinvergüenza no la amó nunca seguramente la heriría. Pero no podía dejarla seguir creyendo una mentira.
“No quiero decirte esto, Georgiana”, dije suavemente, “pero debo hacerlo. Él no te ama. Te ha usado”.
Ante esto ella se quebró. Yo estaba impotente frente a sus lágrimas. No sabía qué hacer, cómo consolarla, y en ese momento extrañé a mi madre más que nunca. Ella sabría que hacer. Ella sabría que decir. Ella sabría cómo consolar a su hija, cuando han jugado con sus sentimientos. Yo sólo pude quedarme sin hacer nada y esperar que Georgiana superara su dolor.
Cuando sus lágrimas comenzaron a cesar, le di mi pañuelo. Ella lo tomó y se limpió la nariz.
“Debo hablar con Mrs Younge y asegurarme de que sepa lo que ha sucedido a sus espaldas”, dije. “Ha sido una negligencia no darse cuenta”.
Algo en la expresión de Georgiana me frenó.
“Fue a sus espaldas?”, pregunté.
Georgiana bajó su mirada hacia su regazo.
“Ella me ayudó a planear la fuga”.
Sentí crecer la furia en mí.
“Ella hizo eso?”
Georgiana asintió lastimosamente. Me partió el corazón verla así. Que la felicidad de mi hermana fuera destruída por un hombre indigno!
Puse mi mano sobre su hombro.
“No temas, Georgie”, dije con ternura. “Cuando seas mayor conocerás a un hombre que te amará por ser tú misma. Un hombre bueno, encantador, respetable que le gustará a tu familia. Un hombre que me pedirá tu mano de la manera apropiada. No habrá necesidad de una fuga. Tú tendrás una gran boda, con un espléndido vestido y una luna de miel donde la desees”.
Ella intentó sonreír, y puso su mano sobre la mía.
“He sido un problema para tí”, dijo.
“Nunca”, le dije dulcemente.
Quise encontrar algo que la distrajera de sus tristes pensamientos. Dí un vistazo por la habitación y mis ojos se detuvieron en uno de sus dibujos.
“Esto está bien hecho”, dije. “Veo que has captado los botes pesqueros llegando desde el mar”.
“Sí, tuve que levantarme muy temprano para observarlos. Los pescadores estaban sorprendidos de verme sentada allí”, dijo.
Me complació que ella dejara a un lado mi pañuelo cuando tomó el dibujo, y oír su voz más fuerte.
“Tal vez te gustaría terminarlo. Lo puedes hacer adentro, o necesitas salir de nuevo?”
“No, lo puedo hacer aquí. Ya he hecho lo suficiente para imaginar lo que falta”.
“Bueno. Entonces te dejaré por unos minutos mientras hablo con Mrs Younge”.
“No estarás enojada con ella?” preguntó Georgiana.
“Estaré muy enojado con ella. Empacará sus maletas y dejará esta casa dentro de una hora”.
Mi conversación con Mrs Younge no fue agradable. En primer lugar ella negó conocer la amistad entre mi hermana y Wickham, diciendo que nunca lo admitió en la casa y que de hecho no lo conocía.
Escucharla llamar a mi hermana mentirosa me hizo enojar más de lo que había estado nunca y ella se encogió, admitiendo al final que había alentado la amistad de Georgiana con él. Después de preguntarle más descubrí que Mrs Younge conocía a Wickham de antes, y que el primer encuentro entre él y Georgiana fue planeado. Ella entonces le dijo dónde estarían cada día, así él pudo arreglar varios “encuentros casuales” más. Después de ello animó a Georgiana a invitarlo a la casa, y le enseñó a verlo primero como un amigo y luego como interés amoroso.
“ Y por qué no lo haría?” preguntó cuando yo la recriminé. “Después de que él ha sido tan maltratado por Usted. Por qué él no podría tener lo que le corresponde, además de un poco de diversión?”
Yo iba a permitirle una hora para empacar, pero cambié de opinión.
“Usted dejará esta casa inmediatamente.”, le dije fríamente. “Le enviaré sus cajas luego”.
Ella pareció a punto de negarse, cuando una mirada a mi rostro le dijo que sería inútil. Murmuró maldiciones por lo bajo, pero se puso su capa y sombrero, y luego de recoger su canasta salió de la casa.
Cuando mi cólera se enfrió, le escribí a Wickham, Mrs Younge me había dado su dirección, diciéndole que debe irse de Ramsgate de inmediato. Además, le dije que si alguna vez intenta ver o hablar con Georgiana de nuevo, yo lo arruinaría.
Aún estoy enojado mientras escribo. Que él pueda haber hecho algo tan deshonesto. Que él haya usado a Georgiana en sus esquemas, su compañero de juegos de tiempos apacibles.... Ha perdido toda decencia. Estoy casi tentado a exponerlo, pero si lo hago, la reputación de Georgiana se verá afectada. Debo esperar que sus experiencias en estos asuntos lo prevengan de hacer otra cosa parecida de nuevo.


Espero que les vaya gustando... en breve, Agosto...
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el@
Admin


Fecha de inscripción : 09/05/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    29/9/2011, 1:53 pm

Gracias por la traducción. Smile Siempre me ha resultado curioso este amor incondicional que hay por Mr DARCY. En las novelas de Jane Austen es por lejos el personaje masculino que más gusta y el que más recuerda la gente que alguna vez leyó a la autora, de seguro porque es a quien más veces se ha llevado a la pantalla, aunque no sé si es por esto o porque las interpretaciones que se han hecho de él son memorables y muchas se han quedado más que con el personaje, con el actor. Mi favorito tb era el Capitán Wentworth, pero sólo en el libro.

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kaycasrec
Visitante


Fecha de inscripción : 10/10/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    10/10/2011, 3:25 pm

Que genial !! I love you Muchas gracias por la traduccion tambien lo habia visto en ingles y me daba un poquito de peresa leerlo Embarassed y tener que buscar alguna palabra que no conociera . Te has tomado menudo trabajo ,enserio que MUCHAS GRACIAS!! Sigue subiendo cuando puedas por favor saludos compañera!! Very Happy
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http://www.flickr.com/photos/kaycasrec/
Maryll100
Novato
Novato


Fecha de inscripción : 23/09/2011

MensajeTema: Va otra parte...   13/10/2011, 10:58 pm

Hola a todos!!
Gracias el@ y kaycasrec por sus amables comentarios!! Por ustedes subo la siguiente parte, pues la verdad no estaba muy segura de que a alguien le interesara.
En particular a mi, más que admiración por Darcy, es la historia en sí la que me atrapó. La cortesía, la época, las charlas... más o menos lo mismo que Amanda en Lost in Austen jaja. Me gustan los arrebatos de Lizzy y la tortura de él al no entender por qué le atrae. Al menos eso siempre pensé al leer el libro y por eso me gustan algunos fanfictions o secuelas.
Les dejo Agosto y Setiembre... si les gusta sigo subiendo!! Besos




AGOSTO

Jueves 1ro de agosto
He traído a Georgiana de nuevo a Londres. Ella se quedará conmigo hasta que pueda encontrarle una nueva dama de compañía. Después del problema con Mrs Younge, tengo miedo de dejarla, pero sé que debo hacerlo. No puedo estar siempre en Londres, y ella no puede siempre venir conmigo en mis viajes. Ella debe atender sus estudios. Sin embargo, voy a asegurarme de no engañarme con tal compañía de nuevo. No sólo seguiré referencias, yo mismo visitaré a sus anteriores empleadores hasta quedar satisfecho de su honestidad y de que sea una ser dama de compañía adecuada, antes de dejar a Georgiana a su cargo.
Es confortable para mí saber que el tiempo que Georgiana esté en Londres, estará bajo la protección de mi fiel mayordomo y ama de llaves. Han estado con la familia muchos años, y me alertarán enseguida si algo anda mal. No pienso enviar a Georgiana lejos de la cuidad otra vez, hasta que pueda ir con ella.

Miércoles 14 de agosto
“He encontrado una mujer que podría ser apropiada para Georgiana”, dijo el coronel Fitzwilliam cuando cenó conmigo esta tarde.
Como él también es tutor de Georgiana, tuve que contarle lo que sucedió en Ramsgate.
“Quién es ella?”
“Es Mrs Annesley. Viene de una buena familia, y su estancia con mis amigos, los Hammonds, está llegando a su fin”.
“La conoces?”
“Sí, en varias ocasiones. Sé que los Hammonds están muy conformes con ella”.
“Entonces llamaré a los Hammonds mañana y veré qué se puede arreglar”.

Jueves 15 de agosto
Fuí a visitar a los Hammonds y me encontré con que Mrs Annesley es una mujer gentil y agradable, que me causó buena impresión por su clase y su discurso. Ella tomará su posición con Georgiana la próxima semana. Yo me quedaré en la cuidad por unas semanas para asegurarme de que sea tan apropiada como parece, y luego haré varias visitas inesperadas en los próximos meses para ver yo mismo que todo esté en orden.
Mientras tanto, la amiga del colegio de Georgiana llegará pronto. Le hará bien tener alguna compañía de su misma edad.

Viernes 23 de agosto
Mrs Annesley llegó esta mañana. Ella y Georgiana parecen llevarse bien y creo que esta relación va a ser una feliz. Ella está encantada de saber que la amiga del colegio de Georgiana está de visita, y ha hecho arreglos para una variedad de salidas para las chicas. Espero que con ésto Georgiana se recupere totalmente de su asunto con Wickham. Estoy convencido que para Navidad ella habrá quitado todo el incidente de su mente.

Viernes 30 de agosto
Ahora que Georgiana está establecida, me siento más confiado de dejarla si Bingley me necesita. Es una suerte, porque si lo dejo a él elegir su propia estancia, va a elegir una con un río desbordado, o ratas, o una renta exorbitante. Lo declarará fantástico y cerrará con el agente antes de darse cuenta, y luego me preguntará cómo liberarse de su situación. Va a ser mejor que lo ayude desde el comienzo, a tener que rescatarlo después.
Debo confesar que tengo muchas ganas de verlo de nuevo. Estoy cansado de Londres, y tengo ganas de visitar el campo.


SEPTIEMBRE

Lunes 2 de septiembre
He recibido una carta de Bingley.

Mi estimado Darcy,
He encontrado una propiedad en el condado de Hertford que parece ser la indicada. Bien ubicada, tanto que puedo irme a Londres cuando se me antoje, o al norte de Inglaterra a visitar mi familia, y no está tan lejos de Pemberley que no pueda ir a visitarte fácilmente, también. El agente me la recomienda mucho, pero sé muy poco acerca de este tipo de cosas y me gustaría que me aconsejes. Te encontrarás conmigo allá?


Lunes 9 de septiembre
Dejé Londres hoy y me encontré con Bingley en Netherfield Park. Había olvidado cuán buena compañía es; siempre dispuesto a estar complacido y siempre animado. Después de mi verano difícil, es bueno estar con él de nuevo.
“Darcy! Sabía que podía contar contigo. Cómo estuvo tu verano? No tan difícil como el mío, lo apuesto”.
No dije nada, lo que él tomó como un asentimiento.
“Caroline ha estado atormentándome estos tres últimos meses, pero ahora que encontré una propiedad espero que esté satisfecha”.
Bingley estaba, por supuesto, encantado con todo lo que veía. Comentó lo espléndido que era y no hizo ninguna pregunta sensata, sino que caminaba por los alrededores con sus manos detrás como si hubiera vivido allí por los últimos veinte años. Estaba contento con la ubicación y con las habitaciones principales, y satisfecho con lo que el agente, Mr Morris, dijo sobre su precio. No preguntó nada sobre la chimenea, o la caza, o el lago, en verdad sobre nada.
“Está en buenas condiciones?” pregunté a Mr Morris.
Él me aseguró que sí, pero igualmente lo inspeccioné yo mismo.
“Será fácil encontrar sirvientes en el vecindario? Mi amigo traerá algunos propios, pero vamos a necesitar criadas, jardineros y hombres para el establo del área local”.
“No encontrará ninguna dificultad en conseguirlos en Meryton”.
“Qué piensas, Darcy?” preguntó Bingley, cuando completamos el recorrido.
“El precio es demasiado alto”.
Mr Morris insistió en que era razonable, pero pronto le convencí de que era excesivo, y propuso una suma mucho menor.
“Por mi honor, Darcy, no me gustaría oponerme a tí cuando te has hecho una idea. Pobre Mr Morris, podría haber estado de acuerdo inmediatamente, y salvarse del esfuerzo de tener que discutir contigo!” dijo Bingley, cuando hubo cerrado el trato con el agente.
Puede reírse, pero me agradecerá por mi cuidado cuando esté bien establecido.
“Cuándo piensas tomar posesión?” le pregunté.
“Lo más pronto posible. Antes de San Miguel, con certeza”.
“Deberías enviar a algunos de tus sirvientes antes de venir, para que puedan tener la casa lista para cuando llegues”.
“Piensas en todo! Los tendré aquí para el próximo fin de semana”.
Estoy contento de que haya seguido mi consejo. Si no, habría llegado al mismo tiempo que sus sirvientes, y entonces se preguntaría por qué no está la cena esperándolo.

Martes 24 de septiembre
“Darcy, bienvenido a mi estancia!” dijo Bingley cuando me encontré con él en Netherfield Park hoy al mediodía. Sus hermanas, Caroline y Louisa, estaban con él, así como el marido de Louisa, Mr Hurst. “La casa, el vecindario, todo es exactamente como deseaba que fuera”.
“La estancia está bastante bien, pero el vecindario es pequeño, con muy pocas familias”, señalé. “Te lo advertí en el momento”.
“Hay muchas familias”, dijo. “Suficientes para cenar con nosotros, y qué más queremos?”
“Compañía superior?” respondió Caroline satíricamente. “Conversación entretenida?”
“Estoy seguro que tendremos todo eso” dijo Bingley.
“Debiste dejar que te ayudara a elegir la casa”, dijo Caroline.
“No necesité tu ayuda, tenía a Darcy”, dijo Bingley.
“Y es algo bueno, también. Sólo esta mañana le decía a Louisa que no podrías haber encontrado una mejor”, dijo Caroline, sonriéndome.
“Por mi honor, no puedo pensar en una campo más fino que el condado de Hertford”, dijo Bingley.
Él está encantado con el vecindario por el momento, pero yo pienso que lo encontrará aburrido si se instala aquí por algún tiempo. Sin embargo, es poco probable. Es tan caprichoso que probablemente se irá de nuevo en un mes. Se lo dije a Caroline después de la cena.
“Es muy posible”, dijo ella. “”Hasta entonces, nosotros debemos estar agradecidos de que tenemos la compañía del otro” .

Miércoles 25 de septiembre
Éste ha sido nuestro primer día en Netherfield Park. Caroline ha manejado las cosas bien, y estuvo particularmente agradecida cuando comenté que nadie adivinaría que es una casa alquilada. Tuvo algunos inconvenientes con los sirvientes contratados de los alrededores, pero es por ella que la casa está funcionando correctamente.

Jueves 26 de septiembre
Las visitas del vecindario han comenzado. Es aburrido, pero es lo que se esperaba. Sir William Lucas y Lady Lucas vinieron esta mañana. Bingley los trató con mucha cortesía, teniendo en cuenta que Sir William se inclinaba cada dos minutos y mencionaba que había sido presentado en St James. Caroline sospechó que su prisa en visitarnos significaba que son los padres de una muchacha mayor, soltera y sin atractivos, a quien quería ver casada, y se lo dijo a Bingley tan pronto como se fueron.
“Dependen de eso, ellos tienen una hija de casi treinta e intentan hacerla pasar por una de veintiuno!” le advirtió.
Bingley se rió.
“Estoy seguro que ellos no tienen una hija así, y si la tienen, estoy seguro que ella es muy encantadora!”
“Caroline tiene razón”, dijo Louisa. “una de las criadas me dijo que los Lucas tienen una hija llamada Charlotte. Charlotte no está casada, y tiene veintisiete”.
“Eso no impide que sea encantadora. Estoy seguro que es una delicia de muchacha”, protestó Bingley.
“ Y yo estoy segura que se queda siempre en casa para ayudar a su madre a hacer pasteles”, dijo Caroline en tono gracioso.
“Bueno, yo pienso que fue muy bueno que los Lucas vinieran, y mejor aún que nos invitaran a la fiesta en Meryton”, dijo Bingley con firmeza.
“La fiesta en Meryton! Dios me ampare de las fiestas del campo!”, remarqué.
“Usted está acostumbrado a estar en compañías superiores”, dijo Caroline.
“En verdad. Las fiestas en Londres están llenas de la gente más elegante de la cuidad”.
Por alguna razón ella no sonrió ante mi comentario. No puedo entender por qué. Ella sonríe ante todo lo que digo, y seguramente debía estar pensando en mis conocidos de Londres, pues en quién más podría suponer?
Sir William Lucas y Lady Lucas no fueron los únicos visitantes de hoy. Fueron seguidos por Mr Bennet. Parece ser un caballero.
“Tiene cinco hijas”, dijo Caroline, cuando él se retiró.
“Lindas muchachas”, dijo Mr Hurst, saliendo de su estupor. “Las vi en Meryton. Guapas, todas ellas”.
“Ahí tienes!” dijo Bingley. “Sabía que había elegido bien en situarme en Netherfield. Estará lleno de bonitas muchachas con quienes bailar”.
“Sé lo que está pensando”, remarcó Caroline, al ver mi expresión. “Está pensando en que sería un disgusto estar obligado a quedarse junto a una campesina. Pero no necesita hacerlo. Charles dará un espectáculo, no hay duda, pero usted no necesita hacerlo. Nadie esperará que usted baile”.
“Espero que no”, dije. “La idea de quedarme con gente que no conozco es insoportable para mí”
Bingley se echó a reír.
“Vamos, Darcy, ése no eres tú. Generalmente no eres tan terco. Es el tiempo. Sólo deja que pare la lluvia y estarás tan ansioso por bailar como yo”.
Bingley es optimista.

Lunes 30 de septiembre
Bingley y yo recorrimos parte de la estancia esta mañana. Ha sido mantenida en buen orden, y si piensa comprarla, creo que sería apropiada. Pero esperaré a ver si se instala. Él puede decidir que quiere comprar una estancia en Kent, o en Cheshire, o en Suffolk la semana próxima.
Pronto sugerí que volviéramos.
“Pienso que debería devolver la visita a los Bennet”, dijo con indiferencia, cuando volvíamos al trote a la casa.
“Ansioso de ver a la señoritas Bennet?” le pregunté.
Lo tomó de buena manera.
“Sé que piensas que me enamoro y desenamoro cada pocas semanas, pero es sólo que pienso que debería ser cortés en devolverle la visita a Mr Bennet”.
Nos separamos, él fue hacia Longbourn, y yo regresé a Netherfield. No tardó mucho en volver.
“Bueno, viste a las cinco preciosas hijas de las que tanto habías oído”, le pregunté cuando regresó.
“No”, dijo él tristemente. “Me quedé en la librería de Mr Bennet por casi diez minutos pero en ningún momento pude ver a las muchachas”.


Octubre es corto, y noviembre obviamente es muy intenso... espero que les guste, en breve los subo!! por favor comenten!! gracias
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anagabii7
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Fecha de inscripción : 18/11/2011
Edad : 31

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    18/11/2011, 10:41 pm

Hola gracias por el aporte, hacia tiempo que he buscado este libro pero no lo encontraba...
Espero con ansias la próxima publicación

saludos
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Maryll100
Novato
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Fecha de inscripción : 23/09/2011

MensajeTema: octubre...   19/11/2011, 2:50 pm

Hola muchachas!! Justo ayer entré a subir otra parte pero no pude hacerlo por problemas de conexión. Me alegro de tener otra seguidora de la historia!! Aquí les dejo Octubre (del primer año obvio), no he tenido mucho tiempo y aún no termino de traducir Noviembre porque es largo y el pdf que tengo (el único que encontré) está cifrado por lo que no puedo ayudarme con ningún traductor sino que debo hacerlo yo misma línea por línea. Si me lleva más subiré la primera parte de Nov que está entretenida.
Besos y gracias por los comentarios!!


OCTUBRE

Martes 1ro de octubre
El buen humor de Bingley regresó por una invitación de Mrs Bennet, pidiéndole que se reuniera a cenar con la familia.
“Pero no puedo ir!” dijo, cabizbajo. “Me invitaron para mañana, y tengo que estar en la cuidad”.
“Mi querido Bingley, tanto ellas como tú sobrevivirán. Además, las verás en la fiesta de Meryton”.
Se le iluminó el rostro. “Sí, así será”.

Miércoles 2 de octubre
Bingley se fue a la cuidad hoy. Y es como pensé. Nunca se establecerá en el campo. Ya está cada vez más inquieto. No me sorprendería si dejara Netherfield antes de Navidad.

Sábado 12 de octubre
Hemos estado en la fiesta de Meryton, y fue peor de lo que esperaba. No habíamos estado allí cinco minutos cuando oí a una mujer –detestaría llamarla señora- cuchicheando con otra que yo tenía diez mil al año. De todas las cosas, lo que más odio es ser cortejado por mi riqueza. El rumor recorrió el salón, y me encontré siendo observado como si fuera una bolsa de oro. No hice nada para disfrutar más de la tarde. Afortunadamente, no necesité mezclarme con la gente del lugar. Aunque éramos un grupo pequeño, Caroline, Mr, Mrs Hurst y yo nos entretuvimos entre nosotros.
Bingley se enredó en el asunto como siempre lo hace. Él, por supuesto, fue bien recibido. Tiene modales naturales que lo hacen quedar bien adonde vaya. Oí muchos comentarios acerca de su carácter agradable y su cara agraciada. Yo, también, fui descripto como bien parecido, hasta que ofendí a Mrs Carlise. Ella hizo un comentario presuntuoso y yo me irrité tanto que no le cedí el asiento: ni dos minutos antes ella había estado rumoreando con su vecina que pensaba conseguir mis diez mil al año para su hija, y luego, cuando me la presentó, tuvo la audacia de decirme a la cara que pensaba que la riqueza no importaba en el matrimonio, y que lo que importaba era el afecto mutuo.
Bingley bailó todos los bailes, lo que Caroline encontró divertido.
“Él estará enamorado de nuevo antes de que termine la tarde”, dijo.
Estuve de acuerdo. Nunca conocí a un hombre que se enamorara y desenamorara tan fácilmente. Déjenlo ver una cara bonita y modales encantadores, y no verá más allá.
Bailé una vez con Mrs Hurst, pero los músicos eran tan malos que una vez fue suficiente. Me abstuve de ser presentado a cualquier otra joven y me contenté con caminar por el salón hasta que Bingley hubiera bailado hasta que se cansara. No fue fácil evitar las parejas. Había varias jóvenes sentadas en los costados del salón. Una de ellas era una hermana de la joven que había llamado la atención de Bingley, y él decidió que quería verme bailar con ella.
“Ven, Darcy”, dijo, “debo verte bailar. Odio verte allí parado con ese aire estúpido. Estarás mucho mejor bailando”.
“Ciertamente no lo haré. Tus hermanas están comprometidas, y sería un castigo permanecer junto a cualquier otra mujer del salón”, dije, con un ánimo que no se complacería con cualquier cosa.
“Yo no sería tan desdeñoso como tú por Dios! Por mi honor, nunca estuve con tantas muchachas bonitas en mi vida”.
“Tú estás bailando con la única muchacha guapa en el salón”, le recordé, mirando a la mayor Miss Bennet.
“Oh! Ella es la criatura más bella que he visto jamás! Pero allí, justo detrás de tí, está sentada una de sus hermanas, que es muy bonita, y muy agradable, me atrevo a decir. Déjame que le pida a mi pareja que te la presente”.
“A quién te refieres?” le pregunté, mirando alrededor. Noté que era Miss Elizabeth Bennet, entonces ella me miró y me ví forzado a alejar la vista. “Es tolerable”, admití, “pero no lo suficientemente guapa para tentarme, y por el momento no estoy de humor como para darle importancia a jóvenes menospreciadas por otros hombres”.
Caroline entendió muy bien mis sentimientos.
“Esta gente!” me dijo. “No tienen estilo ni elegancia, y aún así todos están tan satisfechos consigo mismos! Sabe Usted que tuve que sonreír cortésmente mientras me describían a Mary Bennet como la muchacha más perfeccionada del vecindario? Si ella fuera la mitad, mejor dicho la décima parte, de lo completa que es Georgiana, estaría muy sorprendida”.
“Pero eso sería difícil” dije. “Georgiana es inusualmente talentosa”.
“Por cierto lo es. La adoro”, dijo Caroline. “Ella es como una hermana para mí”.
Tal vez con el tiempo ella sea realmente una hermana para Caroline. No le he dicho nada de esto a ella, pero Bingley es un hombre gentil con una fortuna adecuada, y sería un buen esposo. No tenía pensado organizar un matrimonio para Georgiana antes de que cumpliera veintiuno, pero después de su asunto con George Wickham, he comenzado a pensar que no sería malo casarla antes. Una vez unida a Bingley, ella estaría a salvo de desvergonzados como Wickham. Aunque no estoy seguro de que Meryton sea un buen lugar para ella. Si Bingley muestra alguna intención de dejar este lugar, lo fomentaré. Me gustaría tenerla cerca mío, en el condado de Derby, o en Cheshire, tal vez. Entonces ella podría visitarme en pocas horas si lo quisiera.
Al fin volvimos a la casa.
“Nunca estuve con gente más placentera ni con muchachas más bonitas en mi vida”, dijo Bingley, cuando nos retiramos al salón. “Todos fueron de lo más amables y atentos. No había formalidad, ni rigidez. Pronto sentí que todos en la sala eran mis amigos. Y con respecto a Miss Bennet, no puedo concebir un ángel más bello”.
Caroline me lanzó una mirada irónica. En Brighton, Bingley nos había dicho que Miss Hart era la criatura más encantadora que había visto. En Londres había sido Miss Pargeter. Parece ser que en Meryton, Miss Bennet es la elegida.
“Es una muchacha muy dulce”, concedió Caroline.
“Es bonita”, dije. Siempre es mejor seguirle la corriente a Bingley en estos temas. “Pero sonríe demasiado”.
“Seguramente, sonríe demasiado”, estuvo de acuerdo Louisa, “pero aún así es una muchacha dulce. Creo que debemos ser sus amigas mientras estemos aquí, Caroline?”
“Claro que sí” dijo Caroline, agregando, “Debemos tener a alguien que nos ayude a pasar las horas tediosas, y que nos entretenga mientras los caballeros no están”.
La única cosa que se me cruza por la mente mientras escribo es la mirada que ví en Miss Elizabeth Bennet cuando remarqué que no era lo bastante guapa para tentarme. Si no conociera más, pensaría que fue irónica. No se si ella me escucharía, pero no fue mi intención que las palabras llegaran a sus oídos. Aún así, sería tonto preocuparme por sus sentimientos. Su temperamento no es delicado, y si se parece a su madre no sufrirá daño. Esa mujer abominable me condenó rotundamente por mi comentario casual, describiéndome ante todo el que quisiera oír como es hombre más orgulloso y desagradable del mundo y diciendo que esperaba que no volviera nunca allí.
Nunca pensé que estaría de acuerdo con una mujer de su clase, pero en esta ocasión nuestras mentes son una.

Martes 15 de octubre
Bingley y yo examinamos los bosque hoy. Mientras estábamos afuera, las señoritas Bennet se quedaron con Caroline y Louisa.

Viernes 18 de octubre
Mientras Bingley y yo estuvimos afuera cabalgando, Caroline y Louisa fueron en el carruaje a Longbourn y visitaron a los Bennet. Creo que piensan hacerse amigas de las dos muchachas mayores. Dios sabe, hay poca compañía para ellas aquí.

Sábado 19 de octubre
Un día lluvioso. Después de estar obligados a quedarnos adentro fue casi un alivio salir a una reunión para cenar esta tarde. No fue mejor que la fiesta, la gente no más elegante ni la conversación más estimulante, pero tuvo la ventaja de darnos cierta novedad.
Bingley se sentó de nuevo con Miss Jane Bennet. La ha cortejado, y sus modales son tan sencillos como los de él, hacen una buena pareja. A ella no parece molestarle su atención, lo toma de buena manera y lo ve como la agradable diversión que es.
“Es una pena que las otras muchachas Bennet no tengan los modales ni la cara de su hermana mayor”, comentó Caroline después de la cena.
“Lo es”, concordé.
“No me sorprende que Usted no pueda soportar la idea de estar junto a Miss Elizabeth Bennet. No tiene nada de la belleza de su hermana”.
“No tiene ningún rasgo sobresaliente en su cara”, repliqué, volviendo mis ojos para estudiarla más de cerca.
“No, de hecho”, dijo Caroline.
“Oh, vamos, Darcy”, dijo Bingley, quien se nos había unido cuando hubo dejado a Miss Bennet con una de sus hermanas. “Es una muchacha muy linda”.
“No es remarcable en ningún aspecto”, contesté.
“Muy bien, piensa lo que quieras. No hay nada tolerable en ella”.
Se echó a reír, y regresó junto a Jane Bennet.
Caroline continuó criticando al vecindario. Mientras lo hacía, mis ojos se volvieron de nuevo hacia Miss Elizabeth Bennet, y comencé a sentir que no le había hecho justicia. Aunque no tiene rasgos sobresaliente en su cara, se puede apreciar una inteligencia poco común por la hermosa expresión de sus ojos negros. Me encontré a mí mismo mirándola, y cuando se levantó para dejar la mesa descubrí además que su figura es ligera y placentera.
Aún no es lo suficientemente atractiva para tentar a un hombre de mi estilo, pero tiene más belleza de lo que pensé al principio.
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oly
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Fecha de inscripción : 05/05/2011
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MensajeTema: "Mr. Darcy's diary" traducido    19/11/2011, 5:56 pm

Hola Maryll100, gracias por ir traduciendo el libro, pues yo no lo he encontrado ni en ingles, me apetecia mucho leerlo, no tengo mucho tiempo y si paso y no te dejo un mensaje tranquila que aun asi paso una vez a la semana para mirar si escribes algo, un saludo
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anagabii7
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MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    20/11/2011, 7:07 pm

Gracias Maryll100... Very Happy
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Maryll100
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Fecha de inscripción : 23/09/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    21/11/2011, 9:56 am

Gracias a Ustedes por comentar!
Va la primera parte de Noviembre ... cada vez más entretenido saber qué pensaba Darcy mientras discutían Wink


NOVIEMBRE

Lunes 4 de noviembre
Otra reunión social. Fue inevitable, pero no me encontré tan mal predispuesto para salidas como estaba antes. Proveen un cambio para nuestro círculo íntimo usual. La reunión de esta noche fué en la casa de Sir William Lucas, Lucas Lodge.
“Prepárese para recibir reverencias cada diez minutos”, dijo Caroline, cuando entrábamos en la casa.
“Cada cinco minutos”, dijo Louisa.
“Sir William es una persona muy agradable”, dijo Bingley.
“Querido Charles, tú pensarías que cualquiera es agradable si te permiten coquetear con Miss Bennet en una de sus reuniones”, dije.
“Ella es un ángel”, dijo Bingley, de ninguna manera turbado.
Él pronto encontró a Miss Bennet. Mr Hurst bailó con Caroline, y Louisa entró en conversación con Lady Lucas.
Noté que Miss Elizabeth Bennet estaba allí, hablando con el Coronel Forster. Sin saber lo que hacía me acerqué, y no pude evitar oír su conversación. Había algo en su actitud que la hacía juguetona, y cuando ella se vuelve traviesa hay un cierto brillo en sus ojos. Lo observé, como observé el color de animación que agregaba belleza a sus mejillas. Su cutis es saludable y su piel es ligeramente bronceada. Tal vez no es tan elegante como la palidez de Caroline, pero es placentero igual.
Ella pronto dejó la compañía del Coronel Forster y buscó a Miss Lucas. Las dos parecen ser amigas. Iba a hablarle, sintiendo el impulso de ver esa chispa de nuevo en sus ojos, cuando la dama misma me desafió.
“No piensa Usted, Mr Darcy, que me expresé inusualmente bien recién, cuando insistía al Coronel Forster para que ofreciera un baile en Meryton?”
“Con gran energía”, contesté, sorprendido, pero no decepcionado, de que me hablara. “Pero es un tema que siempre hace enérgicas a las mujeres”, agregué.
“Usted es severo con nosotras”.
Ésto lo dijo con una mirada tan pícara que me ví obligado a sonreir. Su actitud no iría en Londres, pero es algo que remarcar en el campo. Uno necesita variedad, después de todo.
“Ahora será su turno para que nos burlemos de ella”, dijo Miss Lucas, mirándome. Voy a abrir el instrumento, Eliza, Y tú sabes lo que sigue”.
Ella se resistió al principio, diciendo que no quería tocar frente a quienes tenían por costumbre oír a los mejores músicos, pero Miss Lucas le insistió hasta que fue.
Su interpretación fue sorprendentemente buena. No por las notas, creo que muchas de ellas estuvieron erradas. Pero había una dulzura en su tono que agradó mucho a mis oídos.
Estaba comenzando a acercarme a ella, de hecho iba a intentar continuar nuestra conversación, cuando ella dejó el pianoforte y por alguna razón –afortunada o desafortunada, no lo sé bien- su hermana menor tomó su lugar. La sonrisa se congeló en mi cara. Nunca había oído una interpretación más desastrosa en mi vida, y no podía creer que Miss Mary Bennet exhibiera su falta de talento ante tanta gente. Si hubiera tenido que escucharla un minuto más creo que se lo hubiera dicho.
Las cosas se volvieron peores cuando las dos muchachas menores fueron a bailar con algunos oficiales. Su madre las miraba, toda sonrisas, y las jóvenes coqueteaban con cada oficial en turno. Cuántos años tiene? No parece tener más de quince. Debería estar en un salón de clases, no en público donde podría causar una desgracia a ella y a su familia.
Su comportamiento disipó cualquier sentimiento tibio que pudiera tener hacia Miss Elizabeth Bennet, y no volvería a hablarle de nuevo.
“Qué encantadora diversión es ésta para los jóvenes, Mr Darcy!” dijo Sir William Lucas, acercándose a mi lado. “No hay nada como bailar, después de todo. Considero que es uno de los refinamientos de las sociedades refinadas”.
“Cierto, señor”, repliqué, y mi mirada se detuvo en Miss Lydia Bennet quien estaba bailando sin el más mínimo decoro, “y tiene la ventaja de estar de moda entre las sociedades menos refinadas del mundo. Todos los salvajes bailan”.
Sir William sólo sonrió, y me atormentó con una larga conversación acerca de los bailes, preguntándome si yo bailaba en St James. Contesté con suficiente cortesía, pero creo que si mencionaba a St James una vez más, estaría tentado de estrangularlo con su propia corbata. Mientras paseaba mi mirada por el salón, ví a Miss Elizabeth Bennet acercándose. A pesar de las deficiencias de sus hermanas, me llegó nuevamente la gracia de sus movimientos, y pensé que, si había una persona que me gustaría ver bailar en el salón, era ella.
“Mi querida Miss Eliza, por qué no estás bailando?” preguntó Sir William, como si leyera mis pensamientos. “Mr Darcy, debe permitirme presentarle a esta joven como una pareja muy deseable. No puede negarse a bailar, cuando tanta belleza está delante suyo”.
Él tomó su mano, y me sorprendió casi dándomela. No había pensado bailar yo mismo con ella, sólo había pensado verla bailar, pero habría tomado su mano si ella no la hubiera retirado.
“De hecho, señor, no tengo la menor intención de bailar. Le pido a Usted que no suponga que me he acercado para buscar pareja”, dijo.
Me encontré con que no quería finalizar ese trato inesperado.
“Me hará el honor de su mano?” pregunté, interesado más que nada en su negativa a bailar conmigo.
Pero ella se negó de nuevo.
Sir William intentó persuadirla.
“Aunque al caballero no le agrade esta diversión en general, él no tendrá objeción, estoy seguro, a complacernos durante media hora”.
Una sonrisa cruzó sus ojos, y volviéndose a mí, dijo: “Mr Darcy es toda cortesía”.
Fue una sonrisa desafiante, no había duda. Aunque dijo que era toda cortesía, quiso decir lo contrario. Sentí que el deseo de bailar con ella crecía. Ella se había vuelto mi adversaria, y sentí adentro mío un instinto de estar a su altura.
Por qué me rechazó? Porque me había oído diciendo que no era lo suficiente guapa para tentarme en el baile de Meryton? Claro! Me encontré a mí mismo admirando su espíritu. Mis diez mil libras al año eran nada comparadas con su deseo de vengarse de mí.
La ví alejarse de mí, notando la ligereza de su paso y la elegancia de su figura, y tratando de recordar la última vez que me había sentido tan complacido.
“Puedo adivinar el objeto de sus pensamientos” dijo Caroline, acercándose a mi lado.
“No creo que lo imagine” , dije.
“Usted está pensando lo insoportable que sería pasar las veladas de esta forma, en una sociedad como ésta, y créame que opino lo mismo. Nunca estuve más irritada! Son insípidos y aún así son ruidosos; son insignificantes pero se dan mucha importancia! Me gustaría saber su opinión de ellos!”
“Su conjetura está totalmente equivocada, se lo aseguro. Mi pensamiento iba a cosas más agradables. Estaba meditando en el gran placer que otorgan un par de hermosos ojos en la cara de una bella mujer”.
Caroline sonrió.
“Y cuál de las damas tiene el crédito de inspirarle tales reflexiones? preguntó, volviéndose a mí.
“Miss Elizabeth Bennet”, respondí, mientras la miraba cruzar el salón.
“Miss Elizabeth Bennet!” exclamó ella. “Estoy asombrada. Desde cuándo es su favorita? Y por favor dígame cuándo debo darle la enhorabuena?”
“Esa es exactamente la pregunta que esperaba que hiciera” le dije. “La imaginación de una dama es muy rápida, salta de admiración al amor, del amor al matrimonio, en un momento. Ya sabía que deseaba darme la enhorabuena”.
“Nada de eso, si es Usted serio en esto, consideraré el asunto totalmente sellado. Tendrá una suegra encantadora, de hecho, y por supuesto estará siempre en Pemberley con ustedes”.
La dejé hablar. Me es totalmente indiferente lo que diga. Si deseo admirar a Miss Elizabeth Bennet, lo haré, y nada de lo que Caroline diga sobre ojos hermosos y suegras me lo impedirá.

Martes 12 de noviembre
Bingley y yo cenamos con los oficiales esta tarde. Hay un regimiento estacionado aquí, y la mayoría de los hombres son bien educados e inteligentes. Cuando volvimos a Netherfield encontramos a Miss Bennet en la casa. Caroline y Louisa la invitaron a cenar. Vino cabalgando, y la lluvia la encontró en el camino. No es sorpresa que se haya resfriado.
Bingley se preocupó, insistiendo en que se quedara por la noche. Sus hermanas asintieron. Ella se retiró a la cama temprano, y Bingley estuvo distraído por el resto de la tarde.
Recordé el hecho de que él tiene sólo veintitrés, y todavía está en una edad inestable. Actualmente está preocupado por la salud de Miss Bennet, pero para Navidad estará en Londres, donde sin duda se habrá olvidado de ella.

Miércoles 13 de noviembre
Miss Bennet aún no se sentía bien esta mañana, y Caroline y Louisa insistieron en que se quedara en Netherfield hasta que esté totalmente recuperada. Si hubieran insistido tan vehementemente si no estuviera aburridas es dudoso, pero como el tiempo está feo y deben quedarse en casa, están ansiosas por persuadirla de que se quede.
Bingley insistió en enviar por Mr Jones, el boticario, tan pronto como supo que no estaba mejor.
“Es realmente necesario?” le pregunté. “Tus hermanas parecen pensar que no es más que dolor de garganta y migrañas”.
“No se sabe hasta dónde un dolor de garganta y migraña pueden llegar”, dijo Bingley.
Una nota fue enviada a Mr Jones, y otra a la familia de Miss Bennet, y bajamos a desayunar.
Estábamos aún en la sala de desayuno algo más tarde cuando escuchamos algo en el hall de entrada. Caroline y Louisa echaron un vistazo por encima de sus tazas de chocolate, mirándose inquisitivamente y luego a su hermano.
“Quién podría venir a esta hora, y con este tiempo?” preguntó Caroline.
Su pregunta pronto fue respondida ya que la puerta se abrió y vimos a Miss Elizabeth Bennet. Sus ojos estaban brillantes y sus mejillas sonrojadas. Su ropa mostraba signos de que había caminado, y sus botas estaban cubiertas de barro.
“Miss Bennet!” exclamó Mr Hurst, mirándola como si fuese una aparición.
“Miss Bennet!” repitió Caroline. “No ha venido a pie?” preguntó, horrorizada, observando sus botas y su falda, que tenía seis pulgadas (quince centímetros) de barro.
“Sí”, dijo ella, como si fuera lo más natural del mundo.
“Caminar tres millas (cinco Km) tan temprano!” dijo Caroline, mirando horrorizada a Louisa.
“Y con este tiempo tan terrible!” exclamó Louisa, devolviendo la mirada.
Bingley parecía preocupado pero no asombrado.
“Miss Elizabeth Bennet, que bueno que ha venido”, dijo, levantándose y tomándole la mano. “Su hermana no está bien, me temo”.
Caroline se había recuperado de su asombro.
“Vamos, Charles, no la inquietes”, dijo. Se volvió a Miss Bennet. “No es nada más que una migraña y un dolor de garganta. No durmió bien, pero ha mejorado esta mañana. Aún así tiene fiebre, creo, y no está lo suficientemente bien para dejar la habitación”.
“Debe Usted tener frío y está mojada”, dijo Bingley, mirando a Elizabeth con consternación.
“No es nada. Frecuentemente camino en las mañanas. El frío y la humedad no son un problema para mí. Donde está Jane? Puedo verla?”.
“Por supuesto”, dijo Bingley. “La llevaré inmediatamente”.
No pude evitar pensar en que su cutis brillaba por el ejercicio, aunque me pregunté si debería haber caminado tan lejos sola. Si su hermana hubiera estado peligrosamente enferma, tal vez, pero por un resfrío?
Charles dejó el salón con Miss Bennet. Caroline y Louisa, sintiendo su responsabilidad como anfitrionas, los siguieron. Bingley volvió pronto, dejando a sus hermanas en la habitación de la enferma.
“Deberíamos irnos”, dije, mirando el reloj.
Habíamos arreglado un encuentro con algunos de los oficiales para jugar al billar. Podría decir que Bingley no quería ir, pero lo persuadí de que sería ridículo si se quedaba en casa porque la amiga de sus hermanas tenía un resfrío. Parecía que iba a protestar, pero tiene el hábito de escucharme y seguir mi consejo. Estoy complacido de eso. El Coronel Forster habría pensado que era muy extraño si cancelaba el compromiso con un pretexto tan leve.
Volvimos a la casa tarde ese día y a las seis y media nos sentamos a cenar. Miss Elizabeth Bennet estuvo con nosotros. Se veía cansada. El color había desaparecido de sus mejillas y sus ojos estaban sombríos. Pero tan pronto como Bingley preguntó por su hermana ella se volvió más animada.
“Cómo está su hermana?” preguntó Bingley.
“Me temo que no está mejor”.
“Espantoso!” dijo Caroline.
“Me apena oírlo”, dijo Louisa.
Mr Hurst gruñó.
“No me gusta estar enferma”, dijo Louisa.
“A mí tampoco. No hay nada peor”, dijo Caroline.
“Hay algo que pueda hacer por ella?” preguntó Bingley.
“No, se lo agradezco”, contestó ella.
“No hay nada que necesite?”
“No, tiene de todo”.
“Muy bien, pero debe Usted decirme si hay algo que pueda hacer para hacerle más sencillo lo que está sufriendo”.
“Gracias, lo haré”, dijo ella, conmovida.
“Se ve Usted cansada. Ha estado sentada con ella todo el día. Déjeme traerle una tazón de sopa. No me gustaría que se enferme por atender a su hermana”.
Ella sonrió ante su amabilidad, y yo lo bendigo. Tiene una facilidad de maneras que yo no tengo, y agradezco ver que lo use para alcanzarle los mejores platos de la mesa.
“Debo regresar con Jane”, dijo, tan pronto como terminó la cena.
Hubiera preferido que se quedara. Tan pronto como se fue, Caroline y Louisa comenzaron a criticarla.
“Nunca olvidaré su apariencia esta mañana. Realmente se veía casi salvaje”, dijo Louisa.
“Es cierto, Louisa”, respondió Caroline.
“Supongo que vieron su falda, seis pulgadas cubiertas de barro”, dijo Louisa.
Ante esto Bingley explotó.
“Yo no noté su falda sucia”, dijo.
“Usted lo observó, estoy segura, Mr Darcy”, dijo Caroline. “Me temo que por esta situación le ha restado Usted admiración a sus hermosos ojos”.
“Para nada”, repliqué. “Estaban más brillantes por el ejercicio”.
Carloline mantuvo silencio. No permitiré que critique a Miss Bennet frente a mí, aunque estoy seguro de que la criticará en el momento en que me vaya.
“Le tengo un gran aprecio a Jane Bennet, ella realmente es una muchacha dulce, y deseo con todo mi corazón que se establezca bien. Pero con esos padres, y con conexiones tan deplorables, temo que no tendrá oportunidades”, dijo Louisa.
“Creo haberte escuchado decir, que su tío es procurador en Meryton”, remarcó Caroline.
“Sí; y tienen otro tío que vive en algún lugar cerca de Cheapside (la zona pobre)”, dijo Louisa.
“Si tienen tíos suficientes para llenar todo Cheapside, no las hará menos agradables”, protestó Bingley.
“Pero disminuiría materialmente sus posibilidades de casarse con algún hombre de importancia en el mundo”, remarqué.
No hago daño en traer a Bingley a la realidad. Él casi se deja llevar el año pasado, y estuvo cerca de proponerse a una joven cuyo padre era panadero. No hay nada de malo con los panaderos, pero no pertenecen a la familia, ni tampoco los procuradores ni la gente que vive en Cheapside.
“Qué bien lo ha expresado, Mr Darcy”, dijo Caroline.
“No lo habría dicho mejor yo mismo” intervino Mr Hurst, saliendo momentáneamente de su estupor.
“Cheapside!” dijo Louisa.
Bingley no dijo nada, pero se hundió en tristeza.
Sus hermanas visitaron la habitación de la enferma, y cuando bajaron, Miss Elizabeth Bennet estaba con ellas.
“Se une a jugar a las cartas?” preguntó Mr Hurst.
“No, se lo agradezco”, dijo ella, mirando el juego.
Para comenzar, tomó un libro, pero se acercó poco a poco a la tabla de juegos y observó el partido. Su figura se apreciaba ventajosamente mientras se detuvo detrás de la silla de Caroline.
“Ha crecido mucho Miss Darcy desde la primavera?” Preguntó Caroline. “Será tan alta como yo?”
“Creo que sí. Está tan alta como Miss Elizabeth Bennet, o quizás más”.
“Cuánto deseo verla de nuevo! Tal semblante, tales maneras! Y es extremadamente instruída para su edad!”
“Es asombroso para mí cómo las jóvenes tienen la paciencia para ser tan instruídas, como son todas”, Dijo Bingley.
“Todas las jóvenes instruídas! Mi querido Charles, qué quieres decir?” preguntó Caroline.
“Sí, todas ellas, creo. Todas pintan mesas, decoran biombos y hacen monederos”.
“Tu lista de detalles que hacen a la instrucción es muy acertada”, dije, asombrado. Me han hablado de docenas de jóvenes que se consideran instruídas, sólo para encontrar que no hacen más que pintar bonito. “No puedo jactarme de conocer más que a media docena”.
“Ni yo, estoy segura”, dijo Caroline.
“Entonces Usted debe tener una idea muy amplia de lo que es una mujer instruída”, dijo Miss Bennet.
Me lo imaginé, o ella se estaba riendo de mí? Tal vez, pero tal vez no. Estaba aguijoneado al replicar: “Sí, tengo una idea muy amplia”.
“Oh! Ciertamente”, dijo Caroline.
Miss Bennet no estaba avergonzada, como pensé que estaría. En su lugar, mientras Caroline enumeraba las perfecciones de una mujer realmente instruída, distinguí una sonrisa en el rostro de Miss Bennet. Empezó en sus ojos, cuando Caroline comenzó diciendo: “Una mujer debe conocer ampliamente de música, canto, dibujo, baile y lenguas modernas...” y se extendió a sus labios cuando Caroline terminaba: “Debe poseer un cierto misterio en su aire y manera de caminar, el tono de su voz, su comportamiento y expresiones”.
La diversión de Miss Bennet me irritó, y agregué severamente: “A todo ello se debe agregar aún algo más sustancial, debe mejorar su pensamiento con una extensa lectura”.
“Ya no me sorprende que Usted conozca sólo seis mujeres instruídas. Lo que me pregunto es cómo conoce alguna”, dijo Miss Bennet con una sonrisa.
Debería haberme enojado por su descaro, pero de algún modo sentí brotar una sonrisa de respuesta de mis ojos. Parecía absurdo, de repente, que yo esperara tanto del sexo opuesto, cuando un par de hermosos ojos eran todo lo que hacía falta para alcanzar la felicidad absoluta. Es la felicidad que nunca sentí al escuchar a una mujer cantar o tocar el piano, y dudo que lo haga nunca.
“Es Usted tan severa con su propio sexo, que duda que todo eso sea posible?” preguntó Caroline.
“Nunca ví a una mujer semejante”, contestó Miss Bennet. “Nunca ví tal capacidad, y gusto, y aplicación, y elegancia, como Usted describe, en una misma persona”.
Yo mismo comencé a preguntarme si alguna vez lo había visto.
Caroline y Louisa aceptaron el reto, declarando que conocían muchas mujeres que correspondían a la descripción. Miss Bennet torció su cabeza, pero no en asentimiento ni en derrota. Fue para que no vieran la sonrisa que cruzaba su boca.
Fue sólo al ver su sonrisa, cuando me dí cuenta que se estaban contradiciendo con sus expresiones anteriores, cuando habían dicho que existían pocas mujeres así. Ahora estaban diciendo que tales mujeres eran frecuentes. Al ver la sonrisa de Miss Bennet extenderse a su mirada, pensé que ella nunca me gustó más, ni he disfrutado más de una discusión.
Mr Hurst llamó a su esposa y a la hermana de ésta para desviar su atención hacia el juego, y Miss Bennet regresó a la habitación de su hermana enferma.
Me he dado cuenta que existe un fuerte lazo de afecto entre ella y su hermana. No puedo pensar que Caroline y Louisa estarían tan ansiosas de ayudarse, si una de ellas se enfermara; aunque ellas, también, son hermanas, parece haber muy poco afecto entre ellas. Es una lástima. El cariño de mi hermana es uno de los mayores placeres de mi vida.
“Eliza Bennet”, dijo Caroline, cuando Miss Bennet hubo dejado el salón, “es una de esas jóvenes que buscan recomendarse a sí mismas ante el sexo opuesto, a través de desestimar el suyo propio; y con muchos hombres, debo decir, tienen éxito. Pero en mi opinión, es un artificio miserable, una técnica indigna”.
“Sin duda, hay indignidad en todas las artes que las damas a veces intentan emplear para cautivar. Toda astucia para fingir afinidad es despreciable”.
Ella se retiró de ésto, y volvió a sumirse en el juego.
Al fin regresé a mi habitación, sintiéndome disconforme con el día. Mi tranquilidad de espíritu habitual me ha abandonado. Me sorprendo a mí mismo pensando, no en lo que voy a hacer mañana, sino en Elizabeth Bennet.
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oly
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Fecha de inscripción : 05/05/2011
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MensajeTema: Mrs Darcy's diary   21/11/2011, 5:27 pm

Gracias Maryl100 por los primeros dias de Noviembre espero ansiosa el resto, un saludo
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anagabii7
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Fecha de inscripción : 18/11/2011
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MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    21/11/2011, 10:51 pm

Maryll100 debo decirte que te estas convirtiendo en una de mis personas favoritas..... Wink Gracias...
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el@
Admin


Fecha de inscripción : 09/05/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    21/11/2011, 11:10 pm

MARYLL100 GRAAAAAAAACIAS Wink

(anagabii7: esa firma jeje-- es perfecta para mencionar a ciertos individuos) I love you




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anagabii7
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Fecha de inscripción : 18/11/2011
Edad : 31

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    22/11/2011, 9:40 pm

cierto El@ lo malo es que algunos de los individuos de la actualidad se quedan pequeños para esa descripción... aunque conozco uno que no... jajaja mi papa por supuesto jajaja
Saluditos
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Maryll100
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MensajeTema: Noviembre 2da parte   4/12/2011, 8:34 pm

Hola!! y gracias por comentar!!!
Va la segunda parte de Noviembre... es muy largo, la próxima termino el mes!
Espero que lo disfruten como yo...


Jueves 14 de noviembre
He tenido un recordatorio oportuno de la insensatez que supone dejarse llevar por un par de ojos hermosos. Elizabeth envió una nota a su madre esta mañana, pidiéndole que venga y que juzgue ella misma el estado de salud de Miss Bennet. Después de quedarse por un rato con su hija enferma, Mrs Bennet y sus dos hijas menores, quienes la acompañaban, aceptaron la invitación a unirse al resto de nuestro grupo en el salón de desayuno.
“Espero que Miss Bennet no esté tan mal como Usted esperaba”, dijo Bingley.
Él ha estado trastornado por todo este asunto, y nada lo confortaba sino dar continuas instrucciones al mayordomo, con la intención de mejorar el bienestar de Miss Bennet.
“En realidad sí, Señor”, dijo Mrs Bennet. “Está demasiado enferma para ser trasladada. Mr Jones me dijo que no deberíamos pensar en moverla. Deberemos abusar de su amabilidad un poco más”.
“Moverla!” protestó Bingley. “Ni pensarlo.”
Caroline no parecía complacida con este comentario. Creo que la presencia de una inválida en la casa está comenzando a molestarle. Ha pasado muy poco tiempo con su invitada, y si Elizabeth no hubiera venido, su hermana habría pasado mucho tiempo sola en una casa de extraños.
Caroline contestó con suficiente civilidad, sin embargo, diciendo que Miss Bennet recibiría todas las atenciones.
Mrs Bennet nos recalcó a todos cuán enferma estaba su hija, y luego, mirando alrededor, remarcó que Bingley había escogido bien al rentar Netherfield.
“No pensará Usted dejarlo pronto, espero, aunque tenga un contrato de alquiler corto”, dijo.
“Lo que sea que haga, lo haré en forma rápida”, dijo él.
Esto condujo a una discusión sobre personalidades, de lo que Elizabeth confesó ser una estudiosa.
“Por lo general, el campo le puede aportar sólo pocos objetos de observación para tal estudio”, le dije.
“Pero la gente cambia tanto que allí hay algo nuevo para observarles por siempre”, contestó.
Hablar con Elizabeth es como hablar con nadie más. No es una actividad habitual; más aún es un ejercicio estimulante para la mente.
“Sí, de hecho”, dijo Mrs Bennet, llamándonos la atención. “Le aseguro que hay tanto de ello en el campo como en la cuidad. Por mi parte no puedo ver que Londres tenga una gran ventaja sobre el campo, excepto por los negocios y lugares públicos. El campo es muy placentero, no es así, Mr Bingley?”
Bingley, tan sencillo como siempre, dijo que era igualmente feliz en ambos.
“Eso es porque Usted tiene buena disposición. Pero este caballero”, dijo ella, mirándome, “parece pensar que el campo no es nada”.
Elizabeth tuvo la bondad de ruborizarse y decirle a su madre que estaba equivocada, pero me hizo recordar enérgicamente el hecho de que no hay ruborizaciones, por placenteras que sean, que superen la desventaja de tener esa madre.
Mrs Bennet siguió peor y peor, elevando las formas de Sir William Lucas, y haciendo marcadas referencias a “personas que se sienten muy importantes y nunca abren la boca” por lo que, supongo, se refería a mí.
Lo peor estaba por venir. La muchacha menor avanzó y le pidió a Bingley por un baile. Tiene tan buen humor que rápidamente accedió, luego de lo cual Mrs Bennet y sus dos hijas menores se fueron. Elizabeth volvió a la habitación de su hermana enferma.
Caroline no tuvo piedad una vez que se fue.
“Han cenado con veinticuatro familias!” dijo. “No sé cómo hice para no reírme! Y esa pobre mujer piensa que eso es una sociedad variada”.
“Nunca oí nada más ridículo en toda mi vida” dijo Louisa.
“O vulgar”, dijo Caroline. “Y la muchacha menor! Rogando por un baile. No puedo creer que la hayas alentado, Charles”.
“Pero disfruto de dar bailes”, protestó Bingley.
“No deberías haber recompensado su impertinencia”, dijo Louisa.
“No, ciertamente. Sólo harás que sea peor. Aunque no sé cómo ella podría ser peor. Kitty fue lo suficientemente terrible, pero la muchacha menor – cómo se llama?”
“Lydia”, respondió Louisa.
“Lydia! Por supuesto, eso es! Ser tan atrevida. A Usted no le gustaría que su hermana fuera tan atrevida, no es así, Mr Darcy?”
“No, claro que no”, dije, malhumorado.
Que comparara a Georgiana con una muchacha como ésta fue más de lo que pudiera tolerar.
“”Y aún así tienen la misma edad”, prosiguó Caroline. “Es increíble cómo dos muchachas pueden ser tan diferentes, una tan elegante y refinada, y la otra tan insolente y bulliciosa”.
“Es su educación”, dijo Louisa. “Con esa madre degradante, qué podría ser Lydia sino vulgar?”
“Esas pobres muchachas”, dijo Caroline, sacudiendo la cabeza. Todas están tocadas por la misma vulgaridad, me temo”.
“No Miss Bennet!” protestó Bingley. “Tú misma dijiste que era una muchacha dulce”.
“Y lo es. Tal vez tengas razón. Tal vez ha escapado de corromperse al mezclarse con gente como esa. Pero Elizabeth Bennet se inclina a ser impertinente, incluso si tiene ojos hermosos”, dijo Caroline, volviendo su vista hacia mí.
Yo había estado por desestimar a Elizabeth en mis pensamientos, pero cambié de idea. No lo haré para complacer a Miss Bingley, no importa lo sarcástica que sea.
En la tarde, Elizabeth se nos unió en el salón de dibujo. Tuve cuidado de no decir más que un breve, “Buenas tardes”, y luego tomé un lápiz y comencé a escribir a Georgiana. Elizabeth, noté, tomó una labor de bordado en un rincón alejado del salón.
Apenas había comenzado mi carta, sin embargo, cuando Caroline empezó a dirigirme cumplidos sobre la uniformidad de mi escritura y la longitud de mi carta. Hice lo que pude para ignorarla, pero ella no se disuadió y continuó alabando cada cosa. La adulación está muy bien, pero un hombre se puede cansar de ésto tan pronto como de las críticas. No dije nada, sin embargo, porque no quise ofender a Bingley.
“Qué delicia para Miss Darcy cuando reciba una carta así!” dijo Caroline.
La ignoré.
“Usted escribe inusualmente rápido”.
Estaba lo suficientemente irreflexivo para replicar un: “Usted está equivocada. Escribo más bien despacio”.
“Por favor dígale a su hermana cuánto deseo verla”.
“Se lo he dicho ya una vez, como fue su deseo”.
“Cómo puede Usted escribir con tanta uniformidad?” preguntó.
Me tragué mi frustración y permanecí en silencio. Una tarde húmeda en el campo es una de las peores cosas que conozco, especialmente en compañía restringida, y si contestara temo que sería rudo.
“Dígale a su hermana que estoy encantada de saber que ha progresado en el arpa...”
Por favor, de quién es la carta? Estuve cerca de contestar, pero me detuve justo a tiempo.
“... y sea tan amable de decirle que estoy maravillada con su precioso dibujo para una mesa, y que creo que es infinitamente superior al de Miss Grantley”.
“Tendría la bondad de dejar su entusiasmo hasta la próxima vez que le escriba? En este momento no queda lugar para hacerle justicia”.
Ví a Elizabeth sonreír ante ésto, y ocultar su cabeza en su labor de bordado. Sonríe de buena gana, y estoy empezando a encontrarlo contagioso. Estuve tentado de sonreír también. Caroline, sin embargo, no se cohibió.
“Siempre le escribe cartas tan encantadoramente largas, Mr Darcy?”
“Generalmente son largas”, contesté, incapaz de evitar responder su pregunta. “Pero si siempre son encantadoras, no soy quién para decirlo”.
“Es una regla para mí, que una persona que puede escribir cartas largas, con facilidad, no puede escribir mal”, dijo.
“Eso no es un cumplido para Darcy”, interrumpió Bingley, “porque no escribe con facilidad. Utiliza demasiadas palabras de cuatro sílabas. No es así, Darcy?”
“Mi estilo de escritura es muy diferente al tuyo”, concordé.
“Mis ideas fluyen tan rápidamente que no tengo tiempo de expresarlas, por lo que mis cartas a veces no transmiten las ideas que quisiera decir al destinatario”, dijo Bingley.
“Su modestia debe desarmar a los que lo censuran”, dijo Elizabeth, dejando a un lado su labor.
“Nada es más engañoso que la apariencia de humildad”, dije, riendo del comentario de Bingley, pero consciente por lo bajo de la ligera irritación que me causaba el que ella lo estuviera alabando. “Frecuentemente es sólo carencia de opinión, y a veces es indirectamente presunción.
“Y a cuál de las dos atribuyes mi pequeño rasgo de modestia?” preguntó Bingley.
“La presunción indirecta”, dije con una sonrisa. “El poder de hacer algo con rapidez es siempre muy apreciado por su posesor, y frecuentemente no advierte la imperfección de su comportamiento. Cuando le dijiste a Mrs Bennet esta mañana que te irías en cinco minutos, quisiste hacer un elogio de tí mismo, pero yo no estoy convencido. Si, cuando estuvieras montado en tu caballo, un amigo te dice, “Bingley, sería mejor que te quedaras hasta la próxima semana”, tú probablemente lo harías”.
“Cos esto Usted sólo prueba que Mr Bingley no hizo justicia a su propia disposición. Usted ha mostrado mucho más de él que él mismo”, dijo Elizabeth riendo.
“Estoy muy agradecido de que Usted convierta todo lo que dice mi amigo en un cumplido hacia la dulzura de mi temperamento”, dijo Bingley alegremente.
Sonreí, pero no estaba tan contento, aunque no sé por qué. Aprecio mucho a Bingley, y siempre me complace cuando otras personas también lo valoran.
“Pero Darcy pensaría mejor de mí, si en tales circunstancias yo me negara rotundamente, y cabalgara tan rápido como pudiera!” agregó.
“Entonces Mr Darcy consideraría que la precipitación en su primera intención sería compensada por su obstinación en seguirla?” preguntó juguetonamente Elizabeth.
“Le aseguro que no puedo explicar el asunto. El mismo Darcy debe hacerlo”.
Dejé mi pluma a un lado, olvidando todos los pensamientos sobre la carta.
“Tú esperas que dé opiniones que dices llamar mías, pero que nunca he compartido”, dije con una sonrisa.
“Ceder con rapidez a la persuasión de un amigo no es mérito para Usted”, dijo Elizabeth.
A pesar mío, había caído en su broma.
“Ceder sin convicción no es un cumplido al entendimiento de ninguno de los dos”, respondí.
“Me parece, Mr Darcy, que no le otorga nada Usted a la influencia de la amistad y el afecto”.
Ví que Caroline estaba petrificada ante nuestro intercambio, pero yo estaba disfrutando de la estimulante conversación con Elizabeth.
“No sería aconsejable que acordáramos el grado de intimidad entre las partes antes de decidir?” le pregunté.
“Desde luego”, protestó Bingley. “Tengamos presente todos los particulares, sin olvidar sus pesos y tamaños, porque le aseguro a Usted que si Darcy no fuera un sujeto tan alto no le habría tenido la mitad de la consideración. Declaro que no conozco nada tan terrible como Darcy, específicamente en su casa, y en una tarde de Domingo cuando no tiene nada que hacer”.
Sonreí, no obstante estaba ofendido. Temí que hubiera un dejo de verdad en lo que Bingley dijo, y no me gustó que Elizabeth lo escuche.
Elizabeth miró como si fuera a reír, pero no lo hizo. Espero que no me tenga miedo. Pero no. Si me tuviese miedo, no se reiría tanto de mí!
“Ya veo lo que buscas, Bingley”, dije, dejando su comentario de lado. “No te gusta el tema, y quieres pasarlo por alto”.
“Tal vez”, admitió Bingley.
La viveza había abandonado la conversación y ahora prevalecía la incomodidad. Elizabeth volvió a su labor de bordado, y yo a mi carta. El reloj se podía sentir en la mesa. Terminé mi carta y la dejé a un lado. El silencio continuaba.
Para romperlo, le pedí a las damas que nos deleitaran con algo de música. Caroline y Louisa cantaron, y dejé vagar mi mirada hasta Elizabeth. Ella no es como ninguna mujer que haya conocido antes. No es hermosa, pero aún así miraría su cara más que a cualquier otra. No tiene elegancia, pero sus modales me gustan más que los de cualquiera con quien haya estado. No es instruída, y aún así tiene una inteligencia que la hace una excelente argumentadora, y ofrece una conversación estimulante. Hace mucho tiempo que no tenía que defenderme con palabras, en realidad no estoy seguro de que lo haya hecho antes, y aún así con ella frecuentemente me encuentro comprometido en un duelo de genios.
Caroline comenzó a tocar un vivo aire escocés, y movido por un impulso repentino le dije, “No siente Usted la inclinación, Miss Bennet, de aprovechar esta oportunidad para bailar un reel?”
Ella sonrió, pero no contestó. Encontré su silencio enigmático. Ella es un misterio, enviada para atormentarme? Debe serlo, ya que mis pensamientos no son tan poéticos.
En lugar de disgustarme, sin embargo, su silencio sólo me enardeció más, y le repetí la pregunta.
“Oh”, dijo, “le oí a Usted antes, pero no pude determinar inmediatamente qué decir en respuesta. Yo sé que Usted quiere que le diga “Sí”, así tiene el placer de despreciar mi gusto; pero siempre me deleita el contrariar este tipo de planes. Por lo tanto he decidido decirle que no quiero bailar un reel de ningún modo – y ahora desprécieme Usted si se atreve”.
Realmente le parezco tan perverso? me pregunté. Y no pude evitar sonreír ante su ocurrencia, y su valentía al expresarla.
“Le aseguro que no me atrevo”, le dije.
Pareció sorprendida, como si esperara una respuesta cortante, y estoy contento de haberla sorprendido, en mayor parte porque ella siempre me sorprende.
La encuentro completamente fascinante, y si no fuera por la inferioridad de su situación en la vida creo que estaría en peligro, porque nunca una mujer me había cautivado tanto en mi vida.
Fue Caroline quien intervino y cortó mis pensamientos y me previno de decir algo que podría haber lamentado después.
“Espero que su hermana no se sienta demasiado mal”, dijo Caroline. “Creo que subiré a su habitación y veré cómo está”.
“Iré con Usted”, dijo Elizabeth. “Pobre Jane. La he dejado sola demasiado tiempo”.
Ellas subieron, y yo me quedé preguntándome si Caroline había llamado la atención de Elizabeth sobre su hermana deliberadamente, y pensando lo cerca que había estado de que me traicionaran mis sentimientos.

Viernes 15 de noviembre
Fue una linda mañana, y Caroline y yo dimos una caminata por los matorrales.
“Le deseo mucha felicidad en su matrimonio”, dijo cuando paseábamos por el camino.
Me gustaría que dejara el tema, pero temo que hay pocas posibilidades de que lo haga. Se ha estado burlando de mi supuesto matrimonio por días.
“Espero, no obstante, que Usted le dé a su suegra unas cuantas advertencias, cuando tan deseable evento tenga lugar, sobre las ventajas de refrenar la lengua; y si lo consigue también, evite que las hijas menores corran detrás de los oficiales”.
Sonreí, pero estaba contrariado. Había dado un golpe en la exacta razón por la cual no podía seguir mis sentimientos. Nunca podría tener a Mrs Bennet como suegra. Sería insoportable. Y por las hermanas menores, hacerlas hermanas de Georgiana – no, no haría tal cosa.
“Tiene Usted algo más que proponerme para mi felicidad doméstica?” pregunté sin dejar ver mi irritación, porque sólo lo haría peor.
“Debe dejar que los retratos de sus tíos Philips sean colocados en la galería de Pemberley. En cuanto al retrato de Elizabeth, no debe dejar que lo hagan, ya que qué pintor podría hacer justicia a sus hermosos ojos?” dijo en tono burlón.
Ignoré su burla, e imaginé un retrato de Elizabeth en Pemberley. Imaginé otro retrato cerca de éste, de Elizabeth conmigo. El pensamiento fue placentero y me hizo sonreír.
“No sería fácil, claro, captar su expresión, pero su color y forma, y sus pestañas, tan remarcablemente finas, podrían copiarse”, reflexioné.
Caroline no se veía contenta, y yo estaba feliz de haberla molestado. Estaba por responder, cuando nos encontramos con Louisa y la misma Elizabeth que venían por otro camino.
Caroline estaba avergonzada, y bien que debería estarlo. Yo, también, estaba incómodo. No ceo que Elizabeth haya escuchado a Caroline, pero si lo había hecho, no la había perturbado. Ella no se había perturbado tampoco cuando escuchó mi comentario poco caritativo en el baile.
En cuanto la ví, de repente fui consciente de que ella es una invitada en la casa. Había estado tan ocupado pensando en ella de otra forma que había olvidado que se estaba quedando con Bingley. Sentí una angustia incómoda al darme cuenta que ella no me había tratado con ningún entusiasmo ni amistad durante su estadía. Con seguridad, me ha tratado con cortesía a la cara, pero incluso la cortesía desaparecía tan pronto como se daba vuelta. Nunca había sentido tanta falta de simpatía con Caroline... o tanta simpatía con Louisa, porque al menos se había molestado en preguntar a Elizabeth si quería dar un paseo, cosa que yo no hice. Me reproché a mí mismo por no hacerlo. No era adverso a admirar sus ojos, pero había hecho muy poco para hacer su estadía en Netherfield más confortable.
Las siguientes palabras de Louisa, sin embargo, deshicieron mi sentimiento caritativo hacia ella. Diciendo: “Ustedes se han portado terriblemente mal yéndose a pasear sin decirnos que iban a salir”, tomó mi brazo libre dejando a Elizabeth sola.
Esta mortificado, e inmediatamente dije: “El camino no es lo bastante amplio para todo el grupo. Mejor vamos por la avenida”.
Pero Elizabeth, quien no estaba para nada mortificada de ser tratada tan mal, sólo sonrió traviesamente y dijo que nos veíamos tan bien juntos que una cuarta persona lo arruinaría. Entonces se despidió y echó a correr alegremente, como una niña que de repente queda libre del salón de clases. Mientras la veía correr, sentí mi espíritu elevarse. Sentí como si, yo también, fuera de repente libre, libre de la dignidad trabada de mi vida, y quise correr detrás de ella.
“Miss Eliza Bennet se comporta tan mal como sus hermanas menores”, dijo Caroline burlonamente.
“Sin embargo, ella no se comporta tan mal como nosotros”, dije, irritado. “Ella es una invitada en la casa de su hermano, y como tal merece nuestro respeto. No debería sufrir nuestra negligencia, ni sufrir nuestra crítica ni bien se da vuelta”.
Caroline me miró estupefacta y luego disgustada, pero mi expresión fue tan severa que se quedó callada. Bingley se puede quejar de mis expresiones terribles, pero tienen sus usos.
Me volví a mirar a Elizabeth, pero ella ya estaba fuera de vista. No la ví de nuevo hasta la hora de la cena. Desapareció inmediatamente después, para ver a su hermana, pero cuando Bingley y yo nos unimos a las damas en el salón de dibujo, la encontramos con ellas.
Los ojos de Caroline se volvieron inmediatamente hacia mí. Pude ver que estaba inquieta. Le había hablado ásperamente más temprano, y no le había dicho ni una palabra desde entonces. Le dí una mirada fría y volví mi atención a Miss Bennet, quien estaba lo suficientemente bien para acompañarnos, y estaba sentada junto a su hermana.
Bingley estaba encantado de ver que Miss Bennet se estaba sintiendo mejor. Se mantuvo alrededor de ella, asegurándose de que el fuego seguía encendido y que ella no sufría ninguna corriente de aire. Mi expresión se suavizó. Podía sentirlo. Él estaba tratándola con todo el cuidado y la atención que merecía, y yo recordé por qué me agrada tanto y estoy feliz de llamarlo mi amigo. Sus maneras pueden ser tan fáciles de llevar como para hacer que alguien se aproveche de ello, pero esas mismas maneras lo hacen un compañero agradable y un anfitrión afectuoso. Era evidente que Elizabeth también pensaba eso. Sentí que, después de nuestras diferencias, habíamos encontrado algo en común.
Caroline fingió prestarle atención a la inválida, pero en realidad estaba más interesada en mi libro, el que yo había tomado cuando decidí no jugar a las cartas.
“Declaro que no existe entretenimiento igual a leer un libro!”, dijo, ignorando el suyo para favorecer el mío.
No respondí. Estaba fuera de simpatía con ella. En cambio, me apliqué con esmero a mi libro, lo cual fue una pena, porque me habría gustado mirar a Elizabeth. La luz del fuego iluminando su piel era una vista que me pareció cautivante.
Al descubrir que no me haría hablar, Caroline molestó a su hermano hablándole de su baile, antes de comenzar a pasearse por el salón. Estaba inquieta, y deseando llamar la atención. Sin embargo, yo no le presté atención. Me había ofendido, y no estaba preparado para perdonar su ofensa.
“Miss Eliza Bennet, déjeme persuadirla de seguir mi ejemplo, y pasearse por la habitación”.
No pude evitarlo. Levanté la vista. Ví una mirada de sorpresa en el rostro de Elizabeth, y me pregunté si mis palabras hacia Caroline habían afectado su comportamiento, haciéndole tomar conciencia sobre su forma de tratar a la invitada de su hermano. Pero no era tal cosa. Ella simplemente quería mi atención, y había sido lo suficientemente astuta para darse cuenta de que ésa era la manera de obtenerla. Inconscientemente, cerré mi libro.
“Mr Darcy, no se nos une?” dijo Caroline.
Me negué.
“Hay sólo dos razones por las cuales ustedes querrían caminar juntas, y mi presencia interferiría con ambas”, dije.
Mi sonrisa no estaba dirigida a Caroline, sino a Elizabeth.
“Qué quiere decir?” preguntó Caroline, asombrada. “Miss Eliza Bennet, Usted sabe?”
“Para nada”, fue su respuesta. “Pero dependiendo de ello, él busca ser severo con nosotras, y la mejor forma de decepcionarlo será no preguntarle nada”.
Sentí que mi sangre se agitaba. Ella estaba enfrentándome, aún cuando estaba hablando con Caroline, y yo estaba disfrutando la experiencia.
Caroline, sin embargo, no se enfrentaría. Sólo pudo decir “Debo saber qué quiere decir. Vamos, Mr Darcy, explíquese”.
“Muy bien. Ustedes se encuentran en confidencia y tienen asuntos secretos que discutir, o son conscientes de que sus figuras lucen mucho mejor al caminar; si es lo primero, yo interferiría entre ustedes; y si es lo segundo, las puedo admirar mucho mejor sentado junto al fuego”.
“Oh, espantoso!” exclamó Caroline. “Cómo podemos castigarlo por lo que dijo?”
“Nada más fácil, si tiene Usted la inclinación”, dijo Elizabeth con chispas en sus ojos. “Búrlese – ríase de él. Íntimos como son, Usted debe saber cómo hacerlo”.
“Burlarse de un temperamento tranquilo y de su presencia de mente! Y al reírnos, si le parece, nos expondremos nosotras mismas por intentar reírnos sin causa. Mr Darcy puede presumirse”.
“Que no nos podamos reír de Mr Darcy!” protestó Elizabeth. “Eso es una desventaja desafortunada. Adoro reírme”.
Yo también. Pero no me gusta que se rían de mí. Sin embargo, no podía decir eso.
“Miss Bingley me ha otorgado más crédito de lo que merezco”, dije. “El más sabio de los hombres puede exponerse al ridículo ante una persona cuyo primer objetivo en la vida sea la risa”.
“Espero nunca ridiculizar lo que es sabio o bueno”, respondió. “Las torpezas y necedades me divierten, pero esto es precisamente, supongo, de lo que Usted carece”.
“Tal vez eso no sea posible para nadie. Pero he intentado en mi vida evitar esas debilidades que frecuentemente exponen al ridículo a un buen entendimiento”.
“Como la vanidad y el orgullo”.
“La vanidad, sí. Pero donde hay verdadera superioridad de mente, el orgullo estará siempre resguardado”, dije.
Elizabeth se dio vuelta para ocultar una sonrisa.
No sé por qué, pero su sonrisa me dolió. Creo que me puso de mal genio, porque cuando dijo: “Mr Darcy no tiene defectos. Él mismo lo admite sin disimulo”, estaba irritado al contestar: “Tengo muchas faltas, pero no son, espero, de entendimiento. No me atrevo a responder por mi temperamento. Podría tal vez llamarse resentimiento. Mi buena opinión una vez perdida está perdida para siempre”.
Mientras hablaba, pensaba en George Wickham.
“En verdad ésa es una falta”, dijo Elizabeth. “El resentimiento implacable es una sombra en el carácter. Pero Usted ha escogido bien su falta. Realmente no me puedo reír de ella. Usted está a salvo de mí”.
Pero no estoy a salvo de Usted, pensé.
“Permítanos un poco de música”, dijo Caroline, cansada de no tener parte en la conversación.
El pianoforte fue abierto, y ella le pidió a Elizabeth que tocara.
Me irrité con ella en ese momento, pero después de unos minutos comencé a agradecerle el gesto.
Le estoy prestando demasiada atención a Elizabeth. Ella me cautiva. Y aún así sería una locura enamorarme de ella. Pretendo casarme con un tipo de mujer muy diferente, una cuya fortuna y linaje se equipare a la mía. No le prestaré más atención a Elizabeth.

Sábado 16 de noviembre
Bingley y yo cabalgamos hacia el Este esta mañana y examinamos más la estancia. Él estaba satisfecho con todo cuanto veía y lo encontró a todo maravilloso. Yo remarqué que las vallas estaban rotas y que la tierra necesita drenaje, pero él sólo dijo: “Sí, supongo que sí”. Sé que es de naturaleza fácil, pero había más complacencia en él que lo habitual. Sospecho que en realidad no prestaba atención, sino que estaba preocupado por Miss Bennet. Es desafortunado que se haya enfermado mientras visitaba a sus hermanas. Eso ha revolucionado la casa. Y me ha traído demasiado contacto con Elizabeth.
Fiel a mi resolución, no le presté atención a Elizabeth cuando entró en la habitación con su hermana esta mañana, cuando Bingley y yo regresamos de cabalgar. Después de intercambiar saludos, Miss Bennet pidió que le prestaran el carruaje de Bingley.
“Mi madre no puede disponer de nuestro carruaje hasta el Martes, pero yo estoy bastante recuperada y no deseamos abusar de su hospitalidad por más tiempo”, dijo.
Sentí una mezcla de emociones: alivio de que Elizabeth se fuera pronto de Netherfield, y pena porque no podría hablas más con ella.
Bingley no compartió la opinión de Miss Bennet.
“Es demasiado pronto!” protestó. “Usted puede sentirse mejor mientras está sentada junto al fuego, pero no está lo suficientemente bien como para emprender el viaje. Caroline, dile a Miss Bennet que debe quedarse”.
“Querida Jane, por supuesto debe quedarse”, dijo Caroline. Noté frialdad en su voz, y no me sorprendió cuando agregó: “No podemos dejar que se marche antes de mañana”.
Una estadía de más de un día extra no la complacía.
Bingley miró sorprendido, pero Miss Bennet accedió a la sugerencia.
“Incluso mañana es demasiado pronto”, protestó Bingley.
“Es muy amable de su parte, pero realmente debemos irnos entonces”, dijo Miss Bennet.
Ella es una muchacha dulce pero también puede ser firme, y nada de lo que dijera Bingley la disuadiría.
Yo estaba consciente de la necesidad de estar en guardia durante este último día. Le he prestado a Elizabeth demasiada atención durante su estadía, y, tarde, me había preocupado de que pudiera haber fomentado especulaciones. Resolví deshacerlas, si de hecho se habían formado. Escasamente le dirigí diez palabras en todo el día, y cuando desafortunadamente me quedé solo con ella por media hora, me apliqué a mi libro y no la miré ni una sola vez.

Domingo 17 de noviembre
Todos fuimos a la Iglesia a la mañana, y luego las señoritas Bennets se marcharon.
“Querida Jane, lo único que me resigna ante su partida es que Usted está bien al fin”, dijo Caroline, despidiéndose afectuosamente de su amiga.
“Soy un hombre egoísta. Si no fuera por lo que Usted ha sufrido, casi estaría agradecido de que se haya resfriado”, dijo Bingley, tomando la mano de Jane. “Me ha permitido estar con Usted todos los días por casi una semana”. Él, al menos, ha hecho agradable su estadía, y se tomó el trabajo de entretenerla siempre que estuvo con nosotros. Es fácil ver por qué Bingley la ha cortejado. Ella tiene dulzura y franqueza, lo que la hace agradable, mientras que sus sentimientos no parecen ser fáciles de conmover. No importa lo encantador o animado que esté Bingley, él no debe temer que se malinterpreten sus intenciones.
“Y Miss Eliza Bennet”, dijo Caroline, con una amplia sonrisa. “Ha sido tan... encantador tenerla aquí”.
Elizabeth notó la vacilación y sus ojos brillaron con regocijo. No obstante, contestó con bastante cortesía.
“Miss Bingley. Ha sido muy bondadosa al recibirme aquí”.
A Bingley, le dio una afectuosa despedida.
“Gracias por todo lo que ha hecho por Jane”, dijo. “Es para mí muy importante ver lo bien que la ha cuidado. No pudo Usted ser más amable, cuidando que el fuego estuviera encendido, o corriendo las cortinas para evitar las corrientes de aire, o haciendo preparar platos especiales para tentar a Jane a que comiera”.
“Sólo lamento no haber podido hacer más”, dijo él. “Espero verla pronto en Netherfield de nuevo”.
“Yo también lo espero”
Se volvió hacia mí.
“Miss Bennet”, dije, haciendo una fría reverencia.
Ella me miró sorprendida por un momento, luego una sonrisa apareció en sus ojos, y se inclinó, respondiendo en tono majestuoso: “Mr Darcy”.
Casi me hace sonreír. Pero escondí mi semblante en una expresión de severidad y me alejé.
El grupo entonces se dividió. Bingley escoltó a las dos jóvenes al carruaje y las ayudó a subir. Mi frialdad no había dañado el buen humor de Elizabeth ni por un minuto. Agradecí que así fuera – antes de recordarme que el humor de Elizabeth no es de mi incumbencia.
Volvimos al salón de dibujo.
“Bien!” dijo Caroline. “Se han ido”.
No respondí.
Se volvió a Louisa e inmediatamente comenzaron a hablar de cuestiones de la casa, olvidando todo sobre su supuesta amiga.
Mientras escribo esto, me encuentro agradecido de que Elizabeth se haya ido. Ahora, tal vez pueda volver a pensar en ella como Miss Elizabeth Bennet. Debo tener pensamientos más racionales, de esa manera no tendré que sufrir más las burlas de Caroline.

Lunes 18 de noviembre
Por fin, un día sensato. Bingley y yo examinamos el extremo Sur de su tierra. Parece interesado en comprar la estancia, y dice que está listo para establecerse. Sin embargo, no ha estado aquí por mucho tiempo y no creo que sus intenciones estén fijadas hasta que haya pasado un invierno aquí. Si le gusta después de eso, creo que podría ser el lugar para él.
Caroline estuvo encantadora esta tarde. Sin Miss Elizabeth Bennet en la casa ella no se burla de mí, y pasamos una agradable tarde jugando a las cartas. No extraño para nada a Elizabeth. Creo que escasamente pensé en ella media docena de veces en todo el día.


Hasta la próxima! saludos
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anagabii7
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Fecha de inscripción : 18/11/2011
Edad : 31

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    5/12/2011, 10:38 am

cheers por fin... fue larga la espera pero valio la pena; en lo particular esta fase donde Darcy se empieza a enamorar sin saber de Elizabeth me parece la mas divertida...
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oly
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Fecha de inscripción : 05/05/2011
Edad : 39

MensajeTema: Mrs Darcy's diary   5/12/2011, 4:38 pm

Gracias por seguir traducieendo, me gusta cuando discuten sobre los defectos de Darcy, es lo mejor como aunque le molesta que lo critique le encanta, muchos saludos,
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DarcyFan
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Fecha de inscripción : 16/12/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    16/12/2011, 11:30 pm

Muchaaaaas Gracias por este trabajo tan Grandeeee....

Supongo q falta bastante verdad ??? study

soy nueva en el foro, hace poco vi la peli, me encantó, y ya me leí el libro.. ahora estoy leyendo todo lo q pueda jeje

Por favor continua escribiendo amiga Maryll100 cheers
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DarcyFan
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Fecha de inscripción : 16/12/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    17/12/2011, 10:49 am

Ya lo he leído todo study ; Espero con ansias las próximas traducciones.

Y una vez más, Gracias Maryll100 por dedicarte a realizar esa labor.

¡ Saludos a tod@s, excelente foro !
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Maryll100
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MensajeTema: Fin de Noviembre   22/12/2011, 10:18 am

De nada!!! Gracias a Ustedes por seguir la historia!! Aquí empiezan a haber un par de cosas algo incoherentes, por ejemplo que no diga al comenzar a escribir cómo se siente sobre lo que después comenta. Lo demás, no tiene precio!! Esta muy bueno. Que lo disfruten!!




Martes 19 de noviembre
“Creo que deberíamos cabalgar hacia el resto de la estancia hoy”, le dije a Bingley esta mañana.
“Luego, tal vez”, dijo. “Pienso dirigirme a Longbourn esta mañana para preguntar sobre la salud de Miss Bennet”.
“Sólo la viste antes de ayer”, le remarqué con una sonrisa; Bingley preso de uno de sus coqueteos es de lo más divertido.
“Lo que significa que no la vi ayer. Es tiempo de corregir mi negligencia!” replicó, imitando mi tono. “Vendrás conmigo?”
“Muy bien”, dije.
Un momento después me arrepentí, pero es que estaba irritado conmigo por mi cobardía. Seguramente puedo sentarme con Miss Elizabeth Bennet por diez minutos sin caer en una cierta atracción, y además, no había certeza de que iba a verla. Bien podría estar fuera de su casa.
Salimos después de desayunar. Nuestro camino pasaba por Meryton, y vimos al objeto de nuestro viaje en la calle principal. Miss Bennet estaba tomando aire con sus hermanas. Nos miró al oír los cascos de nuestros caballos.
“Me dirigía a ver cómo estaba Usted, pero ya puedo ver que está mucho mejor. Me alegro de ello”, dijo Bingley, tocando su sombrero.
“Gracias”, dijo ella, con una sonrisa fácil y encantadora.
“Ya no está pálida, tiene algún color en sus mejillas”.
“El aire fresco me ha hecho bien”, dijo.
“Caminaron por Meryton?” preguntó él.
“Sí”.
“No estará Usted cansada, espero?” agregó él frunciendo el ceño.
“No, se lo agradezco, el ejercicio fue bueno. He pasado tanto tiempo adentro de casa que me alegra poder salir de nuevo”.
“Siento exactamente lo mismo. Siempre que estoy enfermo, no puedo esperar a estar afuera de casa tan pronto como me sienta lo suficientemente bien”.
Mientras ellos continuaban de esa forma, con Bingley mirando feliz cómo Miss Bennet había escapado de la maldición del tifus más que de un simple resfriado, yo conscientemente evité mirar a Elizabeth. En su lugar, dejé divagar mi vista sobre el resto del grupo. Vi a las tres muchachas Bennets menores , una de ellas llevando un libro de sermones y a las otras dos a las risitas entre ellas, y a un joven de aspecto torpe que no había visto antes. Por su vestimenta era un clérigo, y parecía estar muy atento hacia las damas. Estaba reflexionando que tal vez su presencia explicaba por qué Mary Bennet llevaba un libro de sermones, cuando recibí una sorpresa inesperada, en realidad un shock terrible. A un costado del grupo habían dos caballeros más. Uno era Mr Denny, un oficial a quien Bingley y yo ya habíamos conocido. El otro era George Wickham.
George Wickham! Ese hombre detestable, quien traicionó la confianza de mi padre y casi arruina a mi hermana! Verme forzado a encontrarlo de nuevo, en este momento y en este lugar... fue espantoso.
Pensé que había terminado con él, pensé que nunca tendría que verlo de nuevo. Pero allí estaba, hablando con Denny como si nada le preocupara en el mundo. Y supongo que no, porque nunca le ha preocupado nada en la vida, más que él mismo.
Volvió su cabeza hacia mí. Sentí palidecer, y lo vi enrojecer. Nuestro ojos se encontraron. Ira, disgusto y desprecio dispararon los míos. Pero, recuperándose rápidamente, una impertinencia detestable dispararon los de él. Tuvo la audacia de tocar su sombrero. Tocar su sombrero! A mí! Me habría dado vuelta, pero tengo demasiado orgullo para hacer una escena, y me obligué a devolver su saludo.
Sin embargo, mi cortesía fue en vano. Echando un vistazo a Miss Elizabeth Bennet por el rabillo del ojo, vi que ella había notado nuestro encuentro, y que no se había engañado ni por un instante. Ella supo que algo estaba muy mal entre nosotros.
“Pero no debemos entretenerlas”, oí decir a Bingley.
Sentí, más que ver, que se volvía hacia mí.
“Vamos, Darcy, debemos continuar”.
Yo estaba demasiado ansioso por seguir su sugerencia. Nos despedimos de las damas y nos fuimos cabalgando.
“Ella se siente mucho mejor, y cree que esta completamente bien de nuevo”, dijo Bingley.
No respondí.
“Se veía muy bien, creo”, dijo Bingley.
De nuevo, no respondí.
“Algo esta mal?” preguntó Bingley, finalmente captando mi humor.
“No, nada” dije secamente.
“Nada de eso, Darcy, no es así. Algo te ha preocupado”.
Pero no se lo explicaré. Bingley no sabe nada del problema que tuve con Wickham este verano, y no quiero que lo sepa. La insensatez de Georgiana podría dejar una sombra en su reputación si se supiera, y estoy determinado a que Bingley no escuche nada de eso.

Miércoles 20 de noviembre
Salí a cabalgar temprano esta mañana, sin preguntarle a Bingley si quería acompañarme, porque quería estar solo. George Wickham, en Meryton!
Le ha quitado placer a mi visita. Peor aún, estoy obsesionado por una idea de mi memoria, algo tan leve que no estoy seguro que sea real. Pero no me abandonará, y colma mis sueños. Es esto: cuando alcancé a las damas ayer, creo que vi una expresión de admiración en los ojos de Elizabeth mientras miraba a Wickham.
Seguramente, ella no puede preferirlo a él antes de mí!
Qué estoy diciendo? Sus sentimientos hacia mí no son importantes. Como sus sentimientos por George Wickham. Si ella quiere admirarlo, es su problema.
No puedo creer que ella lo admire aún cuando sepa cómo es, y sabrá cómo es. Él no ha cambiado. Es el derrochador que siempre ha sido, y ella es demasiado inteligente para engañarse por mucho tiempo.
Aún así es bien parecido. Las damas siempre lo admiraron. Y tiene una facilidad de maneras y estilo de abordar que lo hacen caer bien entre aquellos que no lo conocen, mientras que yo...
No puedo creer que me estoy comparando con George Wickham! Debo estar loco. Aunque si Elizabeth... No debo pensar en ella como Elizabeth.
Si ella decide compararnos, que lo haga. Eso probará que es indigna de mis atenciones, y yo no pensaré más en ella.

Jueves 21 de noviembre
Bingley declaró sus intenciones de ir a Longbourn a invitar a los Bennet a su baile. Caroline y Louisa accedieron pronto a ir con él, pero yo no acepté, diciendo que tengo cartas que escribir. Caroline inmediatamente declaró que ella también tenía algunas cartas que escribir, pero Bingley le dijo que eso podía esperar hasta que regresara. Yo estaba agradecido. No quería compañía hoy. No puedo dejar de pensar en George Wickham. Por comentarios locales, supe que esta pensando en unirse al regimiento. Sin duda piensa que se verá bien con una casaca roja.
Peor aún, Bingley ha incluído a todos los oficiales en su invitación a Netherfield, y temo que Wickham podría unírseles. No deseo verlo, pero aún así no evitaré el baile. No está en mí evitarlo. Es un sinvergüenza y un villano pero no voy a molestar a Bingley rechazando su invitación al baile.

Viernes 22 de noviembre
Un día lluvioso. Estaba dispuesto a salir a cabalgar con Bingley esta mañana, pero la lluvia comenzó y nos vimos obligados a quedarnos en casa. Pasamos el tiempo hablando de la estancia y de los planes de Bingley sobre ella. Sus hermanas nos ofrecieron sus puntos de vista sobre las alteraciones necesarias que deben hacerse a la casa y el tiempo pasó lo suficientemente placentero, aunque extraño la compañía animada de Elizabeth.

Sábado 23 de noviembre
Otro día lluvioso. Caroline estaba de un humor irritante. Me alegro que Elizabeth no esté aquí, o seguramente debería haber soportado lo peor del malhumor de Caroline. Bingley y yo nos retiramos a la sala de billar. Es algo bueno que la casa posea una, o creo que nos habríamos aburrido terriblemente.

Domingo 24 de noviembre
Recibí una carta de Georgiana esta mañana. Le está yendo bien en los estudios, y está feliz. Está comenzando un nuevo concierto con su maestro de música, un hombre que me alegra decir que es casi su adoración, y ella lo está disfrutando.
La lluvia continúa. Caroline y Louisa se entretienen decidiendo qué vestirán para el baile, mientras Bingley y yo discutimos sobre la guerra. Estoy comenzando a encontrar tedioso al campo. En casa, Pemberley, tengo mucho de qué ocuparme, pero aquí hay muy poco que hacer además de leer o jugar billar cuando el tiempo está feo.
Me gustará ver si este temporal de lluvia disuade a Bingley de comprar Netherfield. Una estancia a la luz del sol es muy diferente a una en la lluvia.

Lunes 25 de noviembre
Estoy agradecido por el baile. Al menos, si tenemos otro día lluvioso mañana, tendremos algo de qué ocuparnos.

Martes 26 de noviembre
La mañana fue lluviosa, y la pasé escribiendo cartas. Al mediodía, Bingley y sus hermanas se ocuparon de las preparaciones finales para el baile. Yo tenía poco para hacer, y finalmente me encontré pensando en Miss Elizabeth Bennet, tanto que cuando el grupo de Longbourn llegó esta tarde la estuve buscando con la mirada. Creía que la había sacado de mi mente, pero no soy tan insensible a ella como suponía.
“Jane se ve encantadora”, dijo Caroline, cuando su hermano se fue para recibir a Miss Bennet.
“Es una pena que no pueda decir lo mismo de su hermana”, dijo Louisa. “Qué es lo que está vistiendo Miss Elizabeth Bennet?”
Caroline la recompensó con una mirada divertida.
“Miss Eliza Bennet desprecia la moda, y está vistiendo un vestido que es tres pulgadas más largo de lo que debería y usa un gran exceso de encaje. No lo cree Usted, Mr Darcy?”
“No sé nada sobre la moda de las damas”, dije, “pero para mí se ve muy bien”.
Caroline mantuvo silencio, pero sólo por un momento.
“Me pregunto a quién está esperando. Ciertamente está buscando a alguien”.
“Probablemente está buscando a los oficiales”, dijo Louisa.
“Entonces no es tan rápida como sus hermanas, porque ellas ya los han encontrado”, dijo Caroline.
Las muchachas más jóvenes habían corrido ruidosamente por el salón, y saludaban a los oficiales con risas y chillidos.
“Si se acercan más a Mr Denny, lo sofocarán!” remarcó Louisa.
“A Usted no le gustaría ver a su hermana comportándose de esa manera con los oficiales, estoy segura”, dijo Caroline, volviéndose a mí.
No lo dijo para herirme, pero no podría haber escogido peor su comentario. Mis pensamientos fueron a Georgiana, y de ella a Wickham, quien iba a obtener una casaca roja. No, no me gustaría verla así, pero estaba desagradablemente consciente de que si no hubiera llegado a Ramsgate sin avisar, podría haber sucedido.
Caroline miró alarmada mientras yo palidecía, pero me sobrepuse lo suficiente para responder fríamente: “Está Usted comparando a mi hermana con Lydia Bennet?”
“Ellas tienen la misma edad!” dijo Louisa, a punto de reír.
“No, por supuesto”, dijo Caroline rápidamente, dándose cuenta de su error. “No es posible compararlas. Sólo decía que a las muchachas Bennet se les permite correr salvajemente”.
Asentí fríamente y me alejé de ella, esperando que las miradas de Elizabeth sobre el salón hubieran sido por mí. Cuando me acerqué a los oficiales, oí a Denny decirle a Miss Lydia Bennet que Wickham no estaba porque se había visto forzado a irse del pueblo por unos días.
“Oh!” dijo ella, con la cara larga.
Elizabeth se les había unido y ella también se veía decepcionada. Recordé la mirada que le había otorgado a Wickham en Meryton y cerré los puños cuando comprendí con un desagradable shock que cuando ella entró en el salón había estado buscando a Wickham, y no a mí.
“No creo que sus asuntos los hubieran hecho irse justo ahora si no hubiese deseado evitar a cierto caballero aquí”, escuché decir a Mr Denny.
Entonces se ha vuelto un cobarde? No hay duda sobre eso. El coraje nunca formó parte del temperamento de Wickham. Imponerse a los ingenuos, engañar a los inocentes y seducir a jóvenes, ésa es su fortaleza.
Pero seguramente, Elizabeth no era ingenua? No. Ella no se dejaría llevar tan fácilmente. Tal vez aún no lo haya descubierto, pero estaba seguro de que lo haría. Mientras tanto, no quise desaprovechar la oportunidad de hablarle.
Caminé hacia ella.
“Me alegra verla aquí. Espero que haya tenido un viaje agradable?” pregunté. “Esta vez, espero que no haya venido caminando!”
“No, se lo agradezco”, dijo ella con rigidez. “Vine en el carruaje”.
Me pregunté si la había ofendido. Tal vez pensó que mi comentario era un desaire suponiendo la incapacidad de su familia de mantener caballos apropiados para el carruaje. Intenté reparar el daño de mi primer comentario.
“Está Usted ansiosa por el baile?”
Ella se volvió y me miró directamente.
“Es la compañía la que hace al baile, Mr Darcy. Disfruto de cualquier entretenimiento en el que estén presentes mis amigos”.
“Entonces estoy seguro de que disfrutará su tarde aquí”, dije.
Ella se alejó con un grado de malhumor que me aturdió. No tuvo problemas en recuperarse cuando habó con Bingley, y resolví que todo estaba concluído con ella. Que me dé la espalda cuando le hablo. Que lo prefiera a Wickham y no a mí. No quería nada más con ella.
Dejó a sus hermanas y cruzó el salón para hablar con su amiga, Miss Lucas, cuando pidió su mano el joven clérigo torpe con el que la había visto en Meryton. A pesar de mi enojo, no pude evitar sentir lástima por ella. Nunca había visto un baile más mortificante en mi vida. Por su expresión, diría que ella sentía lo mismo. Él iba a la izquierda cuando debía ir a la derecha. Retrocedía cuando debía avanzar. Y aún así ella bailó tan bien como si hubiera tenido un compañero experto.
Cuando la ví dejando la pista, iba a pedirle el próximo baile. Me vi frustrado en ésto porque bailó con uno de los oficiales, pero luego me adelanté y le pedí el siguiente baile. Me miró sorprendida, y lo lamenté, porque tan pronto como le pedí el baile me pregunté qué estaba haciendo. No había decidido yo no prestarle más atención? Pero estaba hecho. Ya había hablado, y no podía retirar mi oferta.
Ella aceptó, más por la sorpresa que por otra cosa, creo. No pude encontrar nada que decirle, y me alejé, determinado a pasar mi tiempo con gente más racional hasta que el baile comenzara. Fuimos hacia la pista. Hubieron miradas de asombro alrededor nuestro, aunque no sé por qué. Puedo haber elegido no bailar en la fiesta, pero un baile privado es una situación muy diferente.
Intenté pensar en algo que decir, pero no pude. Eso me sorprendió. Nunca me había quedado sin palabras antes. Seguramente, no siempre se me hace fácil hablar con quienes no conozco muy bien, pero generalmente puedo pensar en alguna trivialidad. Creo que fue la hostilidad que percibí de Elizabeth lo que me despojó de mis sentidos.
Al final ella dijo: “Ésta es una danza agradable”.
Viniendo de una mujer cuyo ingenio y viveza me deleitaban, fue un comentario seco, y no respondí.
Después de unos minutos, dijo: “Es su turno de decir algo ahora, Mr Darcy. Yo hablé sobre la danza, y Usted debería hacer algún tipo de comentario sobre el tamaño del salón, o el número de parejas”.
Eso fue más parecido a Elizabeth.
“Diré lo que Usted quiera que diga”, respondí.
“Muy bien. Esa respuesta servirá por el momento. Tal vez luego observemos que los bailes privados son más placenteros que los públicos. Pero por ahora podemos guardar silencio”.
“Habla Usted por regla, mientras baila?” pregunté.
“A veces. Uno debe hablar un poco, Usted sabe, y aún así para ventaja de algunos, la conversación debe llevarse de modo de decir lo menos posible”.
“Está Usted considerando sus propios sentimientos en ese caso, o imagina que gratifica los míos?”
“Ambos” replicó maliciosamente.
No pude evitar sonreír. Es esa malicia lo que me atrae. Es provocativa sin ser impertinente, y nunca lo había visto en una mujer antes. Ella levanta la cabeza en una forma tal cuando hace uno de sus comentarios traviesos que se apodera de mí un abrumador deseo de besarla. No es que me dejaría llevar por ese impulso, pero lo mismo está allí.
“He observado una gran similitud en nuestra forma de pensar” continuó. “Ambos somos antisociales, taciturnos, deseando no hablar, a menos que esperemos decir algo que asombre a todo el salón, y quede para la posteridad con la fuerza de un proverbio”.
Yo estaba intranquilo, no muy seguro de si reírme o sentirme consternado. Si era parte de su juego, lo habría encontrado divertido, pero si ella realmente pensaba eso? Había estado tan taciturno cuando había estado con ella? Volví a pensar en la fiesta en Meryton, y en los primeros días en Netherfield. Tal vez no había sido simpático con ella, pero nunca lo fui. Tal vez, había sido brusco al principio, pero creía que había reparado mis faltas hacia los últimos días de su estadía en Netherfield. Hasta el último día. Recordé mi silencio, y mi determinación en no hablarle. Recordé el felicitarme por no dirigirle más de diez palabras, y mantenerme en silencio cuando me quedé solo con ella por media hora, fingiendo estar absorto en mi libro.
Estuve bien en mantener silencio, pensé. Inmediatamente después pensé que estuve mal. Estuve tanto bien como mal: bien si quería deshacer cualquier expectación que pudiera haber surgido en el curso de su visita, pero mal si quería ganar sus favores, o ser cortés. No estoy acostumbrado a estar tan confundido. Nunca lo estuve, antes de conocer a Elizabeth.
Tomé conciencia del hecho de que de nuevo esta en silencio, y sabía que debía decir algo si no iba a confirmar su suposición de que era deliberadamente taciturno.
“Eso no le hace justicia a su propio temperamento, estoy seguro”, dije, mi incomodidad reflejada en mi tono de voz, porque no sabía si estar divertido o herido. “Cuán bien refleje el mío, no lo puedo decir. Usted piensa que es un justo retrato, sin duda”.
“No lo puedo decidir por mis propias observaciones”.
Caímos en un silencio incómodo. Ella me estaba juzgando? Me despreciaba? O estaba jugando conmigo? No podía decidirlo.
Al final, le hablé sobre su visita a Meryton, y me contestó que ella y sus hermanas habían hecho un nuevo conocido allí.
Me congelé. Sabía lo que quería decir. Wickham! Y la forma en que hablaba de él! No con desprecio, sino con amabilidad. Temí que continuara, pero algo en mi expresión la mantuvo en silencio.
Sabía que debería haber ignorado la cuestión. No tenía que darle explicaciones. Aún así me encontré diciendo: “Mr Wickham está bendecido con buenas maneras que le aseguran muchos amigos. Si es igualmente capaz de retenerlos es menos certero”.
“Ha tenido la desgracia de perder su amistad, y de una forma en que lo lamentará toda su vida”.
Qué es lo que le ha dicho a ella? Qué le ha contado? Deseé contarle la verdad sobre el asunto, pero no pude hacerlo por miedo a herir a Georgiana.
Una vez más hubo silencio. Nos rescató Sir William Lucas quien lanzó un comentario que sacó a Wickham de mi mente. Por eso, al menos, debo agradecerle. Nos felicitó por el baile, y luego, mirando a Miss Bennet y Bingley, dijo que esperaba tener el placer de repetirlo frecuentemente cuando cierto evento deseable tuviera lugar.
Me detuve en seco. No podía haber malentendidos sobre lo que estaba diciendo. Él pensaba que era posible, mejor dicho certero, que Miss Bennet y Bingley se casarían. Lo miré bailar, pero no logré ver nada en sus maneras que llevaran a esa conclusión. Aún así me estaban hablando como si yo supiera que el asunto iba en serio. No puedo dejar que Bingley arruine la reputación de una mujer, no importa cuán agradable sea su coqueteo. Recobrándome, le pregunté a Elizabeth de qué estábamos hablando.
Ella contestó, “De nada en particular”.
Comencé a hablarle de libros. Ella no admitiría que compartimos los mismos gustos, por lo que declaré que, al menos, deberíamos hablar de algo. Ella respondió que no podría hablar de libros en un salón de baile, pero yo pensé que eso no era lo que le preocupaba. El problema era que su mente estaba en otra parte.
De repente me dijo, “Recuerdo haberle oído decir una vez, Mr Darcy, que Usted nunca perdona, que una vez que crea un resentimiento no lo deshace. Usted debe ser muy cauteloso, supongo, en lo que lo resiente?”.
Ella estaba pensando en Wickham? Él le habría dicho de la frialdad entre nosotros? Se veía genuinamente ansiosa de escuchar mi respuesta, y le contesté.
“Lo soy”, dije firmemente.
Siguieron más preguntas, hasta que le pregunté qué quería saber con todo eso.
“Meramente a una ilustración de su carácter”, dijo, intentando salir del tono grave.
“Es lo que estoy intentando hacer”.
Entonces no estaba pensando en Wickham. Estaba complacido.
“Y cuál es su conclusión?” no pude evitar preguntarle.
Sacudió la cabeza. “No llego a ninguna. Oigo tantas cosas diferentes de Usted que estoy realmente confundida”.
“Lo puedo entender”, dije, pensando en Wickham con un sentimiento oscuro. Agregué en un impulso, “Desearía que no hiciese un estudio de mi carácter en este momento, porque tengo razones para temer que el resultado no favorecerá a nadie”.
“Pero es que si no lo hago ahora, puedo no tener nunca más la oportunidad”.
Le había rogado clemencia. No rogaría de nuevo. Le contesté fríamente, rígidamente: “No tengo la intención de demorar sus placeres”.
Terminamos el baile como lo empezamos, en silencio. Pero no puedo estar enojado con ella por mucho tiempo. Algo le ha dicho George Wickham, eso era claro, y como él no era capaz de decir la verdad, seguramente la ha embaucado con un montón de mentiras. En cuanto dejamos la pista de baile, había perdonado a Elizabeth, y vuelto mi ira hacia Wickham.
Qué era lo que él le había dicho? Me pregunté. Y cuánto repudio me había causado en su estima?
En ese momento dejé de pensar en estas reflexiones, porque el joven torpe hizo una reverencia enfrente mío y se disculpó por presentarse él mismo. Estaba por irme de allí cuando recordé haberlo visto con Elizabeth, y me sentí curioso de lo que tenía que decir.
“Estoy muy consciente de que presentarse a uno mismo va en contra de lan normas establecidas de ceremonia, pero me congratulo de que las reglas que gobiernan a un clérigo son muy diferentes, de hecho considero que el oficio de clérigo es igual en dignidad a los más altos rangos del reino, por lo que he venido a presentarme a Usted, una presentación que, estoy persuadido, no la considerará impertinente cuando sepa que mi noble benefactora, la Dama que me ha otorgado graciosamente una generoso legado, es nada menos que su estimable tía, Lady Catherine de Bourgh. Ella es quien me ha concedido su preferencia al atorgarme la valuable rectoría de Hundsford, donde es mi deber, mejor dicho mi placer, dictar las ceremonias que deben, por su misma naturaleza, recaer sobre la interesada”, me aseguró con una sonrisa obsecuente.
Lo miré estupefacto, preguntándome si estaría del todo cuerdo. Parecía que en realidad pensaba que un clérigo es el igual al Rey de Inglaterra, aunque no de mi tía, porque su declaración estuvo plagada de efusiones de gratitud y halagos hacia su nobleza y condescendencia. Lo encontré sumamente extraño; pero mi tía, sin embargo, evidentemente lo había encontrado merecedor del legado, y como ella lo conocía mejor que yo sólo pude suponer que poseía virtudes que yo no conocía.
“Estoy seguro que mi tía nunca concedería un favor a quien no lo merece”, dije cortésmente, pero con suficiente frialdad como para que no siguiera diciendo nada más. Sin embargo él no estaba disuadido, y comenzó un segundo discurso que fue más largo y más enredado que el primero. En cuanto abrió la boca para tomar aliento, le hice una inclinación y me fui. Lo absurdo tiene su placer, pero no estaba de humor para divertirme con eso, tan poco después de dejar a Elizabeth.
“Veo que ya ha conocido al estimable Mr Collins”, me dijo Caroline cuando fuimos a cenar. “Es otro de los parientes de los Bennet. Realmente parecen tener la más extraordinaria colección. Creo que ésto supera incluso a si tío de Cheapside. Qué piensa Usted, Mr Darcy?”
“Todos podemos tener parientes de los que no estemos orgullosos”, dije.
Ésto hizo que Caroline se detuviera. Ella parece olvidar que su padre hizo su fortuna en el comercio.
“Muy cierto”, contestó. Pensé que había adquirido alguna sensatez, pero un momento después dijo, “Estuve hablando con Eliza Bennet. Parece haber desarrollado el más extraordinario afecto por George Wickham. No se si Usted lo ha notado, pero ella está muy apegada a la milicia aquí. De todas las cosas es la más irritante, que Usted pudiera ser incomodado por una hombre como George Wickham. Mi hermano no deseaba invitarlo, lo sé, pero sintió que no podría hacer una excepción cuando invitó a los demás oficiales”.
“Se habría visto personal”, concedí.
Bingley no podría ser culpado por la situación.
“Sé que Charles estaba muy complacido cuando Wickham se quitó él mismo del camino. Charles no desearía perturbarlo a Usted de ninguna manera. Sabiendo que no se puede confiar en Wickham, le advertí a Eliza Bennet acerca de él, diciéndole que yo sabía que se ha comportado infame con Usted, aunque no conocía los particulares...”
Se detuvo, pero si estaba esperando que la iluminara, se iba a decepcionar. Mis asuntos con Wickham nunca se harán públicos, ni se los contaré a nadie que no los conozca ya.
“... pero ella ignoró mi advertencia y salió en su defensa de una manera salvaje”.
Iba a poner fin a su conversación, porque me estaba causando un grado de pena considerable, cuando otra voz interrumpió la charla. Reconocí el tono estridente en el momento. Era Mrs Bennet. No deseaba escuchar su conversación, pero fue imposible no oír lo que estaba diciendo.
“Ah! Ella es tan hermosa que yo sabía que no podía ser tan hermosa por nada. Mi adorada Jane. Y Mr Bingley! Qué hombre tan apuesto. Qué elegante! Y tales maneras agradables. Y luego, por supuesto, está Netherfield. Está a la distancia justa de nosotros, ya que ella no querrá estar demasiado cerca, no cuando tendrá su propio estancia que dirigir, y aún así no le quitará tiempo el ir a visitarnos en el carruaje. Me atrevo a decir que tendrá un carruaje muy elegante . Probablemente dos carruajes elegantes. O tal vez tres. El precio de un carruaje no es nada para un hombre con cinco mil libras al año”.
Me fui poniendo rígido mientras la escuchaba proseguir.
“Y sus hermanas son tan amables con ella”.
Agradecí que Caroline estaba ocupada con un joven que había llamado su atención a su izquierda, por lo que no escuchó. Su amabilidad hacia Jane se habría evaporado en un momento si supiera hacia dónde apuntaban los pensamientos de Mrs Bennet. Los pensamientos de Sir William iban en la misma dirección.
Miré a lo largo de la mesa, y vi a Bingley hablando con Miss Bennet. Sus modales eran tan abiertos como siempre, pero creo que detecté algo más que un afecto común. De hecho, cuanto más lo observaba, más seguro estaba de que sus sentimientos estaban comprometidos. Observé a Miss Bennet, y aunque podías decir que estaba complacida de hablarle, no daba signos de que sus sentimientos fueran de ninguna manera recíprocos. Respiré con más calma. Si yo podía sacar a Bingley del vecindario, estoy seguro de que él la olvidaría pronto, y ella lo olvidaría a él.
Si el asunto sólo se relacionara con Miss Bennet, no me habría preocupado tanto con el pensamiento de Bingley casándose con ella, pero no era sólo cuestión de Miss Bennet, estaba el asunto de su madre, quien era una matrona maleducada, y su padre indolente, y sus tres hermanas menores quienes eran tontas y coquetas, y si tío en Cheapside, y otro tío procurador, y el la cima de todo ésto, su extraña conexión, el clérigo adulador...
Mientras escuchaba a Mrs Bennet, sentí que no podía perder tiempo y que debía inmiscuirme en el asunto. No podía abandonar a mi amigo a tal destino, con tan poco esfuerzo de mi parte para sacarlo del apuro.
Estaba seguro que con unas pocas semanas en Londres, él encontraría pronto un nuevo cortejo.
“Sólo espero que sea Usted tan afortunada, Lady Lucas”, continuó Mrs Bennet, evidentemente pensando que no había posibilidades de que su vecina compartiera su suerte. “Tener una hija tan bien establecida – qué cosa maravillosa!”
La cena había terminado. Fue seguida de una exhibición de Mary Bennet, cuyo canto fue tan malo como su ejecución. Para hacer las cosas peores, cuando su padre finalmente la sacó del pianoforte, lo hizo de una forma que haría ruborizar a cualquier persona decente.
“Lo has hecho extremadamente bien, pequeña. Nos has deleitado lo suficiente. Deja que otras jóvenes tengan tiempo de exhibirse”.
Existe algún otro discurso más imprudente?
La tarde no terminaría tan pronto, porque por alguna coincidencia o estratagema, no se cuál, el carruaje de los Bennets fue el último en retirarse.
“Dios, qué cansada estoy!” exclamó Lydia Bennet, bostezando exageradamente, lo que hizo que Caroline y Louisa intercambiaran miradas sarcásticas.
Mrs Bennet no se quedaba quieta, y hablaba incesantemente. Mr Bennet no hizo ningún esfuerzo por callarla, y fue uno de los cuartos de hora más incómodos de mi vida. Salvar a Bingley de una compañía como ésa era todo lo que ocupaba mi mente.
“Vendrá Usted a cenar con mi familia, espero, Mr Bingley?” dijo Mrs Bennet.
“Nada me daría más placer”, contestó. “Tengo algunos negocios que atender en Londres, pero iré a visitarlos tan pronto como regrese”.
Saber ésto me deleitó. Significa que no tendré que pensar en una manera de sacarlo del vecindario, porque si sucede que debiera quedarse en Londres, el contacto con Miss Bennet se rompería y él no pensará más en ella.
Pretendo hablar con Caroline, para asegurarme de que los afectos de Jane no están comprometidos, y si encuentro, como sospecho, que no lo están, entonces sugeriré que nos vayamos a Londres con Bingley para persuadirlo de que se quede allí. Un invierno en la cuidad le hará olvidar sus afectos, y lo dejará libre para otorgárselos a un objeto más merecedor.

Miércoles 27 de noviembre
Bingley se fue a Londres hoy.
“Caroline, desearía hablarle”, dije, cuando él partió.
Caroline levantó la vista de su libro y sonrió.
“Estoy a su disposición”.
“Es sobre Miss Bennet sobre lo que deseo hablar”.
Su sonrisa desapareció, y sentí que estaba en lo cierto al pensar que su afecto por su amiga estaba disminuyendo.
“Hubieron varias alusiones en el baile, sugiriendo que algunos de los nuevos vecinos de Bingley estaban esperando que un casamiento tuviera lugar entre él y Miss Bennet”.
“Qué!” gritó Caroline.
“Pensé que le disgustaría. Yo no pude ver nada en las maneras de Miss Bennet que me hagan pensar que está enamorada, pero quiero su consejo. Usted la conoce mejor que yo. Ha estado con ella en confidencia. Ella mantiene sentimientos de afecto hacia su hermano? Porque, si lo hace, no se debe jugar con esos sentimientos”.
“Ella no los tiene para nada”, dijo Caroline, lo cual me dejó en paz.
“Está Usted segura de ello?”
“Lo estoy. Ella ha hablado de mi hermano varias veces, pero sólo en términos que usa para cualquier joven de su conocimiento. Por lo que, estoy segura que nunca pensó en Charles en ese sentido. Ella sabe que no piensa establecerse en Netherfield, y simplemente está entreteniéndose mientras esté aquí”.
“Es como lo supuse. Pero los sentimientos de Bingley están mucho más comprometidos”.
“Yo temo lo mismo. Si él fuera tan tonto como para unirse a esa familia, lo lamentará para siempre”.
“Lo hará. Creo que debemos separarlos, antes de que su comportamiento de lugar a más especulaciones. Si lo hace, vendrá un tiempo en que las expectaciones deban se cumplidas, o la reputación de la dama sufrirá un daño irreparable”.
“Está en lo cierto. No debemos dañar la reputación de la querida Jane. Ella es una dulce muchacha. Louisa y yo la apreciamos. No debe ser herida”.
Mr Hurst nos interrumpió en ese momento.
“Viene a cenar con los oficiales?” preguntó. “Me invitaron a ir. Estoy seguro de que Usted será bienvenido”.
“No”, dije, Quería terminar mi conversación co Caroline.
Hurst se encogió de hombros y fue en busca del carruaje.
“Propongo que sigamos a Bingley a Londres. Si nos quedamos con él allá, no tendrá razones para regresar”, dije.
“Un plan excelente. Le escribiré a Jane mañana. No diré nada fuera de lo ordinario, pero le dejaré saber que Charles no regresará este invierno, y que deseo que disfrute con sus familiares las Navidades”.

Jueves 28 de noviembre
La carta de Caroline fue escrita y enviada esta mañana, poco antes de partir hacia Londres.
“Oí la cosa más demente anoche en Meryton”, dijo Mr Hurst mientras el coche traqueteaba por el camino a Londres.
No presté mucha atención, pero mientras continuaba lo fui atendiendo más.
“La muchacha Bennet – cuál es su nombre?”
“Jane”, ayudó Louisa.
“No, no ella, la otra. La de las enaguas”.
“Ah, quieres decir Elizabeth”.
“Esa misma. Ha recibido una oferta del clérigo”.
“Una oferta? Del clérigo? Qué quieres decir?” preguntaron Caroline y Louisa al mismo tiempo.
“Una oferta de casamiento. Collins. Ese era su nombre”.
“Mr Collins! Qué delicioso!” dijo Louisa.
“Parece que Mr Collins es otro admirador de sus hermosos ojos”, dijo Caroline, mirándome sarcásticamente. “Creo que se llevarán bien juntos. Una es toda impertinencia, y el otro es todo un imbécil”.
Yo no sabía, hasta que oí esto, cuán lejos habían llegado mis sentimientos. La idea de que Elizabeth se casara con Mr Collins fue mortificante, y penoso en una manera que no imaginaba. Rápidamente me recuperé. Hurst debe estar equivocado. Ella no podía rebajarse tanto. Estar unido a ese payaso por el resto de su vida....
“Usted debe estar equivocado”, dije.
“Para nada”, dijo Hurst. “Lo oí de Denny”.
“No es una mala unión”, dijo Louisa, considerando. “De hecho, es una buena. Son cinco hijas, solteras, y su estancia está vinculada, creo”.
“Vinculada a Collins”, dijo Mr Hurst.
“Mejor aún”, dijo Louisa. “Miss Eliza Bennet no tendrá que dejar su hogar, y sus hermanas tendrán un lugar donde vivir cuando su padre muera”.
“Y también su madre”, dijo Caroline alegremente. “Qué encantador estar confinada a Mrs Bennet por el resto de su vida...
“Pero me pregunto por qué no pidió a Jane”, dijo Louisa.
“Jane?” preguntó Caroline.
“Sí. Es la mayor”.
Caroline me miró. Supe lo que estaba pensando. Mr Collin no pidió a Jane, porque Mrs Bennet le habría dejado creer que Jane iba a casarse pronto con Bingley.
“Me atrevo a decir, que con la estancia vinculada, él pensó que tendría su oportunidad”, dijo Caroline. “Los padres de Miss Eliza Bennet deben estarle agradecidos, aunque no estoy segura que ella sea la esposa apropiada para un clérigo. Qué opina Usted, Mr Darcy?”
No dije nada, por miedo a decir algo que podía lamentar. No puedo permitirme admirar a Elizabeth, entonces, qué importa si otro hombre lo hace? Pero aún así apreté las manos y bajando la vista, percibí que mis nudillos estaban blancos.
Ella me miró, esperando mi respuesta, sin embargo, y al final dije, más para satisfacer mis propios sentimientos que los de ella: “Puede venir de la nada. Denny podría estar equivocado”.
“No veo cómo”, dijo Caroline. “Es íntimo de Lydia. Sabe todo lo que ocurre en esa casa, me atrevo a decir”.
“Lydia es una niña, y puede estar en un error”, me escuché diciendo.
“Denny no lo escuchó de Lydia”, dijo Mr Hurst. “Lo escuchó de su tía. La tía vive en Meryton. Se lo contó a Denny ella misma. La casa entera estaba hecha un tumulto, dijo. Primero Mr Collins se ofrece a Elizabeth, luego Elizabeth le dice que no lo acepta”.
“Que no lo acepta?”
Escuché la esperanza de mi voz.
“Lo rechazó. La madre está histérica. El padre de su lado”, dijo Mr Hurst.
Dios bendiga a Mr Bennet! Pensé, preparado para perdonarle todas las demás instancias de negligencia.
“Si ella no cambia de opinión y lo acepta, él irá por la muchacha Lucas”, dijo Mr Hurst.
“Cómo lo sabe?” preguntó Caroline sorprendida.
“La tía lo dijo. “Si Lizzy no es rápida, Charlotte lo aceptará”, dijo. “Él tiene que casarse, su patrona se lo dojo, y una muchacha es tan buena como otra al fin”.
Respiré de nuevo. Sólo cuando lo hice me dí cuenta cuán profundamente me sentía atraído por Elizabeth. Es bueno que nos vayamos a Londres. He salvado a Bingley de una unión imprudente, no puedo hacer menos por mí mismo. Una vez lejos del vecindario de Elizabeth, dejaré de pensar en ella. Entraré en conversaciones racionales con mujeres racionales, y no pensaré más en su mente ágil.
Llegamos a Londres en buen tiempo. Bingley estaba sorprendido de vernos.
“No quisimos dejarte aquí solo, y que tuvieras que pasar las horas en un hotel incómodo”, dijo Caroline.
“Pero mis negocios sólo me tomarán unos días!” dijo él en sorpresa.
“Espero que no te vayas antes de ver a Georgiana”, dije. “Sé que le gustaría verte”.
“Querida Georgiana”, dijo Caroline. “Dí que podemos estar en la cuidad por una semana, Charles”.
“No veo por qué no podemos quedarnos una día o dos más”, concedió. “Me gustaría ver a Georgiana también. Dime, Darcy, ha crecido mucho?”
“No la reconocerías”, dije. “Ya no es una niña. Está convirtiéndose en una mujer”.
“Pero aún es joven para disfrutar las Navidades?” preguntó Caroline.
Sonreí. “Eso creo. Ustedes deben quedarse y celebrar con nosotros”.
“No nos quedaremos tanto tiempo”, dijo Bingley.
“Qué, y perdernos las Navidades con Darcy y Georgiana?” preguntó Caroline.
“Pero prometí cenar con los Bennets”, dijo. “Mrs Bennet me lo pidió particularmente, y de la manera más amable”.
“Vas a abandonar a tus viejos amigos por los nuevos?” protestó Caroline. “Mrs Bennet dijo que podías cenar con su familia en cualquier momento. Yo misma la escuché. Los Bennets aún estarán allí después de Navidad”.
Bingley parecía dudar, pero luego dijo: “Muy bien. Nos quedaremos en la cuidad para Navidad.”. Comenzó a verse más animado. “Me atrevo a decir que será divertido. Siempre es mejor celebrar Navidad cuando hay niños en la casa”.
Esto no fue un buen auguro para sus sentimientos hacia Georgiana, pero me conforté con el hecho de que no la ha visto en mucho tiempo, y pienso que ella debe haberse visto como una niña la última vez que se vieron, ahora claramente se estaba convirtiendo en una joven.
“Y luego de Navidad, iremos al condado de Hertford para Año Nuevo”. Dijo. “Le escribiré a Miss Bennet y le diré de nuestros planes”.
“No hay necesidad de ello”, dijo Caroline. “Yo le escribiré hoy. Se lo diré yo misma”.
“Envíale mis mejores deseos”, dijo Bingley.
“Lo haré”.
“Y dile que estaré en el condado de Hertford en enero”.
“Me aseguraré de hacerlo”.
“Envíale saludos a su familia de mi parte”.
“Por supuesto”.
Habría continuado, pero interrumpí con un: “Entonces está decidido”.
Caroline dejó la sala para ir a escribir la carta. Louisa y su esposo se fueron, también, y Bingley y yo nos quedamos solos.
“Estaré ansioso por Navidad, y más aún por Año Nuevo”, dijo Bingley.
“Te gusta Miss Bennet”, observé.
“Nunca conocí a una muchacha que me gustara ni la mitad”.
Me senté, y Bingley se sentó frente a mí.
“Aún así no estoy seguro de que sea una buena esposa para ti”, dije pensativamente.
“Qué quieres decir?”, preguntó, sorprendido.
“Sus bajas conexiones – ”
“No pretendo casarme con sus conexiones!” dijo Bingley riendo.
“Un tío procurador, otro que vive en Cheapside. No pueden aportar nada a tu jerarquía y, al final, la disminuyen”.
La sonrisa de Bingley disminuyó.
“No puedo ver en qué importa. Que jerarquía necesito yo?”
“Todos los caballeros necesitan jerarquía. Y están sus hermanas”.
“Mis Elizabeth es una muchacha encantadora”.
Me golpeó en mi punto débil, pero estaba firme y me recobré.
“Sus hermanas son, la mayoría, ignorantes y vulgares. La menor es una coqueta empedernida”.
“No tendremos la necesidad de verlas”, dijo Bingley.
“Mi querido Bingley, no puedes vivir en Netherfield y no verlas. Estarán siempre con ustedes. Y también su madre”.
“Entonces no viviremos en Netherfield. No he comprado la estancia. Sólo es alquilada. Nos estableceremos en cualquier lugar”.
“Pero Jane lo consentirá?”
Hizo un gesto sombrío.
“Si ella siente un afecto fuerte hacia ti, tal vez pueda persuadirse de dejar su vecindario”, dije.
“Tú piensas que no lo siente?” preguntó Bingley desconcertado.
“Es una muchacha amable, pero no muestra más placer en tu compañía que en la de otros hombres”.
Se mordió los labios.
“Yo pensé... ella parecía complacida de hablar conmigo... parecía complacida de bailar conmigo... también pensé que se veía más complacida conmigo que con cualquier otro hombre. Cuando bailamos juntos – ”
“Bailaron dos veces en cada baile, y ella bailó dos veces con otros hombres”.
“Es cierto”, admitió, “pero pensé que era sólo porque sería rudo rehusar”.
“Tal vez habría sido rudo para ella el rechazarte a ti”.
“Piensas que sólo bailó conmigo para ser cortés?” preguntó con consternación.
“No diría tanto. Creo que ella disfrutó bailar contigo, y hablar contigo, y coquetear contigo. Pero creo que no lo disfrutó más que con otros hombres, y ahora que tú no estás en el condado de Hertford –”
“Debo volver”, dijo, parándose. “Lo sabía”.
“Pero si ella es indiferente, sólo te causarás pena”.
“Si es indiferente. Tú no sabes si lo es”.
“No, no lo sé, pero la observé muy de ceca, y no pude ve ningún signo de afecto particular”.
“La observaste?” preguntó con sorpresa.
“Tu parcialidad comenzó a llamar la atención. Otros además de mí lo notaron. Si hubieras ido más lejos, te habrías visto obligado a hacerle una propuesta”.
“Me habría gustado hacerle una propuesta”, me corrigió, luego vaciló. “Piensas que habría aceptado?”
“Por supuesto. Habría sido una buena unión para ella. Tú tienes un ingreso considerable, y una linda casa. Se habría establecido cerca de su familia. No hay razones para que te rechace. Pero te gustaría casarte por esas razones?”
Se veía confuso.
“Más me gustaría casarme por mí mismo”, concedió.
“Y lo harás, algún día”.
Se sentó de nuevo.
“Ella era demasiado buena para mí”, dijo taciturno.
“No creo eso, pero si sus afectos no están comprometidos, cuál es el punto de casarse? Conocerás a otra muchacha, tan dulce como Miss Bennet, pero una que responda a tus sentimientos en igual medida. Londres está lleno de damas”.
“Pero yo no tengo interés en otras jóvenes”.
“Con el tiempo, lo tendrás”.
Bingley no dijo nada, pero yo estaba tranquilo. Él la olvidará antes de que termine el invierno.
Estoy complacido de que haya expresado su deseo de ver a Georgiana de nuevo. La conoce desde hace mucho más que a Miss Bennet, y no se puede esperar que una nueva conocida ocupe el mismo lugar en sus afectos que una vieja, particularmente cuando vea cuánto ha crecido Georgiana. La unión sería bienvenida por ambos lados, y me congratulo de que sería una unión feliz.

------- Veremos a continuación qué le dice (o no) a Georgiana------- I love you
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oly
Usuario Premium


Fecha de inscripción : 05/05/2011
Edad : 39

MensajeTema: Mrs Darcy's diary   22/12/2011, 5:38 pm

Muchas gracias por el nuevo trocito de relato, me tiene mordiendome las uñas, que pases unas felices fiestas, besos
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DarcyFan
Visitante


Fecha de inscripción : 16/12/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    22/12/2011, 10:58 pm

Gracias Maryll100

Mil Gracias por tu aporte. cheers
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anagabii7
Novato
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Fecha de inscripción : 18/11/2011
Edad : 31

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    23/12/2011, 4:36 pm

Maryll100 gracias por este regaloteee... ya viene el encuentro en Rosing.
Gracias por este relato...
Feliz Navidad!!!!
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ELISOL
Visitante


Fecha de inscripción : 27/12/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    27/12/2011, 4:21 am

Estoy tan contenta de ver que no soy la única que está "obsesionada" con orgullo y prejuicio!! muchas gracias por traducir esta historia. Llevo tiempo buscando secuelas pero la mayoria estan en inglés y esta es una oportunidad genial de acceder a ella. Me emociono cada vez que publican. Gracias cheers
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Maryll100
Novato
Novato


Fecha de inscripción : 23/09/2011

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    11/1/2012, 10:09 am

Hola muchachas...
No se emocionen, esta vez no les traigo capítulo! aun no termino la siguiente parte porque he estado bastante ocupada y no he podido dedicarle el tiempo que quisiera. Pero a quienes siguen la traducción, les aseguro que la continuaré, sólo que tal vez me lleve más tiempo del que pensaba.
Quiero agradecerles a todas, los comentarios que me dejaron. Realmente me hacen muy feliz y es lo que me hace seguir. En cuanto pueda les traigo otra parte... Besitos!!!
Maryll100
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Jooyce Ü
Visitante


Fecha de inscripción : 11/01/2012

MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    11/1/2012, 4:39 pm

Muchas gracias por haberte tomado la molestia de traducir e ir subiendo el libro! amo todos los libros de Jane Austen y también las secuelas de sus libros y de sus personajes! mis favoritos son Mr. Darcy y Edward Ferrars!
Gracias (:
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MensajeTema: Re: "Mr. Darcy's diary" traducido    Hoy a las 2:45 am

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"Mr. Darcy's diary" traducido
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